miércoles, 17 de mayo de 2017

Desesperanza, algunos casos clínicos comentados






Como continuación a la reflexión sobre manejo de la desesperanza en Atención Primaria propongo cinco casos clínicos para ilustrar el tema y favorecer la profundización en el mismo. Se pretende abrir un poco la visión ante facetas que probablemente tengamos delante todo el tiempo pero que si no se verbalizan pasan desapercibidas por invisibles.


Caso número 1.
Mujer de 77 años que tras varias caídas pasa a vivir de manera itinerante con sus tres hijos. "Me duele todo, quiero morirme", comenta en consulta de continuo.

Comentario: Es común encontrar esta situación en cualquier centro de salud. El protagonista es una persona mayor con una historia clínica larga que suma a sus múltiples problemas físicos una situación vital muy estresante como es el abandono del hogar para un anciano. La pérdida de referencias cotidianas produce estrés y sufrimiento.

El manejo habitual de este caso sería diagnosticar depresión, si no estaba ya diagnosticada, y prescribir antidepresivos además de subir los calmantes y reforzar la medicación para dormir, lo que probablemente empeore el deterioro cognitivo y dificulte las cosas. Dada la dificultad de manejo y la persistencia del discurso en disco rallado es común que finalmente los profesionales sanitarios terminen inhibiéndose y dejen de tomar en serio el mismo o lo terminen derivando al hospital donde con toda probabilidad le darán más medicación.

Si el profesional detectara desesperanza podría aprovechar la verbalización y señalamiento del problema como primer paso para explorar los sentimientos e ideas del paciente ante su difícil situación. Esto abriría la posibilidad de una escucha terapéutica de calidad. El reconocimiento del dolor y la dificultad vital del paciente podría ser un punto de apoyo para señalar alguna recomendación tanto al paciente como a su familia.

Caso número 2.
Hombre de 57 años. "No aguanto más, este trabajo me va a matar", "despidieron a varios y hago el trabajo de tres personas", "estoy agotado pero no me puedo permitir mandarlos a paseo".

Comentario: El curso de acción habitual sería diagnosticar "Ansiedad" o "Trastorno adaptativo con ansiedad" en una persona sin antecedentes de salud mental ni otros problemas físicos, familiares o de otra índole conocidos. El profesional podría considerar una incapacidad laboral transitoria además de proponer medicación o sugerir psicoterapia privada. Con cierta frecuencia el paciente no consigue salir de su situación de bloqueo y la baja termina alargándose.

Si se detecta desesperanza el profesional tiene la oportunidad de señalar el plano ético del paciente donde hay un claro conflicto de valores. La solución del problema surgirá ineludiblemente de aquí. Mientras no se tenga claro qué valora más el paciente y qué precio está dispuesto a pagar no conseguirá salir del atolladero. Efectivamente es un problema de la esfera laboral y las decisiones pertinentes habrán de tomarse ahí, pero la perspectiva de mantener el nivel actual de agobio termina desesperandole y haciendole sufrir, bloqueando la situación.

Caso número 3.
Mujer de 35 años, alcoholismo en la adolescencia que superó tras múltiples recaídas. Actualmente problema de dolor crónico y adicción a cannabis y fentanilo. "Lo he intentado todo, no valgo para nada".

El manejo habitual de las personas con problemas de adicción es difícil para los profesionales por la gran complejidad de los mismos. Las situaciones cronificadas suelen mezclar problemas físicos, psicológicos y sociales a los que se unen los existenciales que suelen incluir grandes cantidades de desesperanza. Si esta dimensión no es tenida en cuenta la respuesta que se dé será incompleta. Explorar esta faceta y tratar de hacer pie en los valores del paciente puede ayudar a encontrar cursos de acción que puedan ser caminados con suficiente motivación.

Caso número 4.
Mujer de 42 años. Obesidad, imc 105. Ataques bulímicos y personalidad hiperexigente. "Estoy desesperada, no consigo controlar mi vida ni mi apetito, me avergüenza mi imagen".

El manejo de la patología crónica pone a menudo a prueba la paciencia de los profesionales, sobre todo en aquellos casos en los que no se consigue mejoría. Si diagnosticamos obesidad y no conseguimos resultados al final el encuentro clínico termina siendo desagradable tanto para el que viene a consulta como para quien está dentro. El episodio "obesidad" y el plan de cuidados habitual con dieta, consejos de hábitos de vida y control de peso servirá para poco.

Si la enfermera detecta desesperanza podrá abrir las posibilidades de anamnesis y encontrar información que le permita ofrecer distintos cursos de acción. Lo habitual es que la paciente lo haya intentado todo, lo que incluye visita al psiquiatra y psicofármacos. Lo que probablemente no haya hecho nadie es explorar su dimensión existencial y sus valores. Conectar con su desesperanza quizá favorezca la toma de conciencia de lo que de verdad necesite esa persona: reconocimiento, afectividad, compasión, realización, autoimagen, autoconcepto... Y de esa manera permitimos que sea la propia persona quien dirija su búsqueda vital en lugar de seguir buscando ayuda fuera de donde está el foco de problema.

Caso número 5.
Mujer de 51 años. Profesora con primer episodio de ansiedad constatado en la historia clínica, de gran intensidad que dura ya cuatro meses. No encontró alivio con diez sesiones de psicoterapia ni con antidepresivos. "Me siento enormemente agobiada, estoy empezando a pensar en quitarme la vida".

En un caso así la mayoría de las veces se diagnosticará "Ansiedad" y se manejará con psicofármacos y derivación a psiquiatría. Si no hay mejoría será frecuente la baja laboral.

Sin embargo si se detecta desesperanza tal vez podamos investigar lo que de forma oculta esté causando tanto sufrimiento. En un caso sin antecedentes de patología psicológica, con gran experiencia laboral y un trabajo que maneja bien y sin otros factores detectados hay que sospechar que algo no estamos viendo. Reinterrogando a la persona tal vez nos diga que vive sola que tiene poca red social y que su vida ha perdido alicientes, tal vez sienta pánico por estar sola o verse desvalida en el futuro.



Como se traduce de estos casos, detectar desesperanza no implica necesariamente hacer más cosas (más diagnóstico, más tratamiento), en muchos casos consistirá en hacer menos y se pueda deprescribir o incluso desdiagnosticar. Lo importante reside en la ampliación de visión del profesional si este se atreve a considerar la dimensión existencial de la persona. Conseguir verbalizar correctamente un problema es fundamental para que este no se convierta en una mera etiqueta diagnóstica con su correspondiente plan terapéutico y de cuidados.

Reconocer que la medicina actual está claramente dirigida a detectar problemas físicos y psicológicos es algo que podemos hacer todos fácilmente. Lo que quizá nos cueste más es reconocer nuestra dificultad para considerar la complejidad de los determinantes sociales en salud y la invisible esfera existencial, ética y espiritual de cada cual. Tal vez algunos defiendan que no es papel de la enfermera o el médico atender dichas facetas quizá más propias de trabajadores sociales, psicólogos, filósofos o religiosos. Lo que parece lógico es que merece la pena considerar a la persona sufriente como una unidad poliédrica compleja. Mientras más facetas veamos mejor será nuestro señalamiento del problema y el encuadre para una óptima búsqueda de soluciones. Si los profesionales sanitarios seguimos ciegos ante enormes parcelas del ser humano nuestra labor será incompleta y el esfuerzo realizado se perderá inútilmente. Espero que este texto pueda servir para animarle a hacerse sus propias preguntas.

martes, 16 de mayo de 2017

Atención Primaria y los siete enanitos






En el castillo sanitario vivía la bella Atención Primaria, princesa de probada virtud. Su madrastra la odiaba en silencio corroída por la envidia y las hemorroides. Una mañana de abril ordenó a un cazador que la llevara al bosque y terminara con ella cerrándole para siempre el presupuesto. El cazador viendo que la pobre muchacha estaba completamente desvalida y que de alguna manera su trabajo en el castillo era esencial se apiadó de ella y la dejó marchar con un presupuesto menguante, que acabaría con su vida en poco tiempo. Cuando rindió cuentas en los altos despachos a la madrastra le aseguró que el asunto se había resuelto a su satisfacción. Esta se carcajeaba de gusto al poder al fin gastar más dinero en pócimas, bebedizos y en centros de  alta tecnología donde poder aliviar su fealdad y sus miserias proctológicas.

La pobre Atención Primaria vagó muerta de hambre por el bosque subsistiendo con lo que los animalitos le iban dando de comer. Terminó descubriendo una casucha abandonada y tras llamar y hallarla vacía acabó durmiéndose encima de unos camastros. Los dueños de la misma eran unos enanitos del bosque que cuando la descubrieron dieron palmas de alegría. Ella despertó sobresaltada y les preguntó sus nombres para averiguar que se llamaban Sindicatín, Colegión, Sociedad científica, Foro de Tal, Foro de Pascual, Congresín y Universitón. El que más gruñía era Sindicatín pero poco caso le hacían. Foro de Tal y su gemelo Foro de Pascual decían siempre lo mismo a lo que Sociedad Científica se oponía sistemáticamente coreada por Congresín y Universitón que eran sus acólitos. Aquella casa era un completo follón y nuestra linda princesa no consiguió mucha ayuda pese a que dedicaba el día a limpiar el tugurio y hacer la comida para todos.

La madrastra terminó consultando el balance de gastos y se dio cuenta de que Atención Primaria seguía viva lo que la hizo montar en cólera. Decidió planear un ardid para el que se disfrazó de vendedora de manzanas de presupuesto en las que introdujo el veneno de la precarización, sobrecarga infinita, burocratización e informatización tóxica. "Esta mezcla acabará
con cualquiera", pensó. Y dicho y hecho se presentó en el bosque disfrazada de Consejera de Sanidad anunciando su producto:" ricas manzanas presupuestarias, sabrosas, exquisítas". Como Atención Primaria estaba famélica de lo poco que comía y de lo mucho que tenía que trabajar para los enanitos aceptó comerse el saco entero que la vieja bruja le ofrecía. Acto seguido entró en parálisis y cayó desplomada mientras la madrastra se alejaba de allí cantando un fandango.

Cuando los enanitos regresaron y vieron el desastre comenzaron a llorar desesperados. "Y ahora quien me pagará las dietas", "Quién pagará los recibos y las cuotas", "Esto será nuestro final". Terminaron metiendo el cuerpo en una urna de cristal donde se mantenía incorrupto mientras de alguna forma misteriosa seguía pasando consulta y dando servicio sin que nadie se explicara bien el milagro.

Los enanitos esperaron y esperaron a que llegara el príncipe pero al centro de salud no bajaba ni el Tato. Desesperados continuaban acusándose mutuamente y poniendo a caldo al personal del castillo en un discurso quejoso y apesadumbrado que todo el mundo terminó por ignorar.

Dicen que el Príncipe nunca llegó y tuvieron que conformarse con un Fondo de Capital Riesgo que pasó por allí y compró la urna de cristal con la princesa dentro por cuatro perras. Los enanitos se acabaron dispersando y sus protestas dejaron de oírse para solaz del bosque que estaba de ellos hasta la coronilla.

lunes, 15 de mayo de 2017

Manejo de la desesperanza en Atención Primaria






Una de las patologías  prevalentes en las consultas de Atención Primaria es la desesperanza pero al ser invisible no se suele diagnosticar, codificar, acompañar debidamente ni dejar reflejado en la historia clínica. Lo mismo pasa con la falta de sentido, la soledad, las relaciones patológicas con uno mismo o el aislamiento, el rechazo social, los malos tratos o la explotación en todas sus facetas. La clasificación de enfermedades más usada, la CIAP 2 incluye una serie de códigos Z para problemas sociales pero no hay apartado para problemas de la esfera espiritual/existencial/transcendente. No existen. Esa esfera no está tipificada ni considerada dentro del sistema sanitario, ni siquiera dentro de la medicina de familia que tiene por gala ser la disciplina con mayor apertura de mente del sistema. Y si encontramos algún retazo en otras clasificaciones parecieran ejercicios teóricos que finalmente no se llevan a la práctica.

En la clasificación de diagnósticos de enfermería NANDA, si existe. Afortunadamente en enfermería tienen muchas veces más longitud de miras que en otros campos de conocimiento. Sin embargo esto queda limitado en la práctica diaria donde es casi imposible que una enfermera cree un episodio con ese epígrafe (tendría que hackearlo sobre otro episodio) y por lo tanto que un apunte que se escribiera sobre el tema no se perdiera en la marea desorganizada de una historia compleja.

Puedo decir que detrás de muchas bajas laborales, somatizaciones o personas que acuden repetidamente al sistema sanitario buscando ayuda hay un fondo de desesperanza o falta de sentido. Puedo decir que al no ser detectado por los profesionales sanitarios estas personas acaban con diagnósticos, tratamientos, derivaciones y protocolos que poco alivian su desazón y suelen terminar confundiendo y cansando a sus facultativos que ven con impotencia que no pueden ayudar a su paciente además de produciendo daños indeseados o efectos secundarios.



¿Pero es la desesperanza una enfermedad? ¿Es posible objetivarla? ¿Podemos llegar a etiquetarla como enfermedad? ¿Existe tratamiento?





Creo que no se trata de crear más etiquetas diagnósticas, protocolos ni guías terapéuticas. Como dice el dr. Julio Bonis en un tuit códigos tenemos todos los que queremos y más. El reto es averiguar qué hacemos dentro del ámbito de la salud  con esa parte transcendente del ser humano que no se puede incluir en las dimensiones biológica, psicológica o social y que en ocasiones nos produce sufrimiento, desazón y dolores de cabeza. En mi opinión seguimos ciegos hacia ella dado que la ciencia y la razón no pueden iluminar la dimensión metafísica del ser humano, ese territorio donde habitan los valores, la ética, las creencias fundamentales y nuestra visión del mundo y de nosotros mismos.

Llamar a las cosas por su nombre siempre es el mejor camino para encontrar la solución a un problema. Si a la desesperanza la llamamos depresión la persona seguramente salga de consulta con unas recetas en la mano y una derivación a salud mental. Si la llamamos somatización seguramente con la cara torcida del profesional y la sensación de que "no me han mirado".

Probablemente no sea cuestión de sanitarizar la dimensión espiritual sino de ser capaces de ponerla de manifiesto y verbalizarla en más ámbitos sociales de los habituales incluyendo el sanitario. La posibilidad de convertirla en narrativa ya es por si misma sanadora. Es verdad que el lugar para que ello se produzca a lo mejor no debería ser una consulta de un centro de salud, también lo es que para mucha gente no hay muchas más alternativas. Nadie nos enseña a caminar por los desiertos interiores, en un tiempo en el que cada vez estamos más solos y en el que la compañía del móvil, la tecnología y un ritmo de vida acelerado no nos ayudan para esto. Las viejas religiones son olvidadas y las nuevas centradas en el mercado, el éxito y otros dioses no parecen dotadas de mucha compasión.

No tengo las respuestas a las preguntas que antes formulé  por lo que tendré que ponerme a estudiar más y a reflexionar en profundidad. Espero que también pueda contar con su reflexión y si lo desea sus comentarios a este artícuulo. En octubre seguiremos profundizando este tema en una interesante jornada en la Escuela Andaluza de Salud Pública por si a alguien le puede interesar.





viernes, 12 de mayo de 2017

La devaluación de la blogosfera sanitaria






En estos tiempos de crisis global todo sufre recortes. La blogosfera sanitaria también. En los últimos años se han desinflado o directamente desaparecido decenas de blogs y proyectos colaborativos de profesionales sanitarios usando herramientas de comunicación electrónica. ¿Tiene esto alguna transcendencia en un mundo tan lleno de noticias, voces e información? Sí, la tiene. Efectivamente cada vez recibimos más mensajes e información sobre salud por los múltiples canales a los que estemos conectados. Esto va a seguir creciendo en cantidad. Lo esperable es que merme la calidad y, lo que es más grave, aumente la información distorsionada o falsa. Quien tenga un asesor, experto o domumentalista (content curator) a quien preguntar podrá salir con éxito de sus búsquedas de información. Los demás se ahogarán  en una tormenta de opiniones en las que participarán desde familiares y vecinos, hasta la peluquera o la cajera del supermercado. Si le preguntamos a Google este coro de voces no hará más que aumentar.

Los profesionales sanitarios tienen una explicable pereza a la hora de producir contenidos sobre salud dirigidos a la ciudadanía. Salir del seguro circuito de las revistas científicas, médicas o de ámbito profesional expone a nuestros protagonistas a riesgos nada desdeñables. Cuando alguien publica cualquier cosa en la arena pública de Internet debe saber que le están leyendo por un lado su madre, abuela, pareja y por otro sus jefes y enemigos. Al mínimo traspiés lloverán las pedradas.

Mantenerse en la blogosfera y en las redes sociales es muy costoso para un profesional. Toca navegar en solitario muchas horas y son pocas las ocasiones en las que realmente se pueden hacer actividades colaborativas o grupales, menos aun las que permiten interacción social directa.  En los últimos diez años he participado en todo tipo de eventos innovadores con mayor o menor fortuna. En algunos he sido ponente en otros oyente. Dentro de los primeros he tratado de compartir mi experiencia personal en consulta y mi visión, dentro de los segundos ha habido de todo. Muchos eventos de este tipo terminan en humo sin aportar verdadera evidencia científica ni fundamento práctico. Esto quizá haya sido motivo para deshinchar la burbuja blogosférica sanitaria.

Las organizaciones sanitarias no se plantean la utilidad de incentivar a sus profesionales para que reviertan parte de su conocimiento y experiencia a Internet. No entienden el medio y les parece incontrolable por lo que le dan la espalda de manera vehemente y siguen enrocadas en páginas coyunturales de muy poco valor para la ciudadanía. Privan así a esta de una fuente de información muy valiosa. Un profesional de la salud público, sin consulta privada o intereses secundarios con alguna industria, es una referencia muy interesante a la hora de emitir información y criterio sobre salud.

Desgraciadamente no hay retorno de la inversión. Los que tenemos blog desde hace años lo sabemos. No al menos de forma pecuniaria. El retorno se produce en intercambios, relaciones, encuentros o en acceso a información o personas que de otra forma no ocurrirían. Pero esto no se puede monetizar y a la mayoría no le supone un incentivo interesante.

Nuestra ciudadanía deberá bregar en mares llenos de mentiras y sandeces vertidas por empresas e intereses que buscan vender algún producto o servicio. Entes de gran tamaño, que no racanearán en marketing ni en eficientes consultoras de comunicación, seguirán campando por sus respetos y haciendo caja. Salvo excepciones nadie se enfrentará a la marejada.

Quizá veamos alguna vez algún cisne negro capaz de emitir mensajes de salud de calidad que se hagan virales. Mientras tanto un servidor seguirá compartiendo su visión y reflexiones de manera sencilla y poco obstentosa, con la intención de aportar algún grano de arena de valor en el vasto desierto de ruido que nos rodea.

lunes, 8 de mayo de 2017

American Gods, el ocaso de los dioses





La ciencia ficción es un género literario que frecuento donde es posible encontrar desde productos comerciales de dudosa calidad hasta obras de arte. Hoy les traigo un bocado interesante. Aprovechando su reciente adaptación a la televisión de la mano de Amazon he viajado con Neil Gaiman por las carreteras secundarias de American Gods, una de sus premiadas novelas que además tiene la característica de pertenecer a un subgénero interesante: la teología ficción. No es que la obra pretenda ser un tratado místico, ni mucho menos, pero en ella encontraremos una lucha de memes que puede resumir nuestro tiempo. Los dioses antiguos terminan y los nuevos no acaban de emerger. Estamos en un tiempo de transición en el que hemos quedado huérfanos de la protección ancestral y todavía no conseguimos agarrarnos a lo por venir.

Lo que venimos llamando crisis no es más que un largometraje en el que los personajes van repitiendo el mismo guión donde nadie parece poder adaptarse debidamente. Vemos pasar a la política, luego la educación junto a la sanidad, más tarde la economía y la antropología, en otro plano la cosmología y la religión, todos pasan sudorosos y agobiados. Gaiman nos ofrece una trama con dos bandos, una estructura sencilla donde los personajes se van posicionando y nosotros con ellos. No hay buenos ni malos, ganadores ni perdedores. La verdadera historia corre entre bambalinas y en esa penumbra los valores son otros. Estamos rodeados de dioses invisibles que sin embargo nos influyen y determinan nuestras vidas. Fuerzas que llamamos mercado, tecnología, innovación, sociedad de consumo, globalización que son tan nuevas que aun no tienen un culto que consiga explicarlas, unos mitos que las conviertan en narraciones comestibles. También nos rodean los viejos arquetipos, los panteones y mitologías cuyas columnas sostuvieron la humanidad miles de años. Historias que fueron quedando devaluadas y silenciadas bajo los neones y bramidos de los nuevos tiempos. La ceguera se ha convertido en nuestra perdición. No contar con exploradores ni profetas cegó la sociedad. La luz de la ciencia y la razón no podrá alumbrar nunca esas bambalinas de la historia donde se juegan los partidos importantes mucho más lejos de lo que la fenomenología nos indica. Por que es en la esfera de creencias personales donde apoyamos nuestra concepción propia y la del mundo. Una esfera íntima que sufre tremendas presiones invisibles similares a las de cualquier par de placas tectónicas empujándose entre si.

Tal vez detrás de la desesperanza, ansiedad o estrés de muchas de las personas que acuden por ayuda a los servicios de salud resida esta misma tensión: una lucha de factores en busca de sentido.

La novela no nos dará una solución. Bastante hace con entretenernos varias horas y facilitarnos un escenario que tal vez no habíamos visualizado previamente. Toda realidad tiene su sombra y toda escenario sus bambalinas. Esta idea por si sola merece que visitemos a Gaiman, si se lo pueden permitir por escrito, sino en formato audiovisual.


















viernes, 5 de mayo de 2017

Vídeos de fisioterapia @Fisiotualcance






Gracias a mi amigo Rafael Olalde he descubierto el canal de vídeos de Fisioterapia a tu alcance que recomiendo tanto a mis pacientes como a cualquier ciudadano que necesite aliviar molestias del aparato locomotor. Vienen muy bien como complemento tras consultar a la enfermera o médico correspondiente. Si tiene alguna duda sobre su caso pregunte a su profesional de referencia.








jueves, 4 de mayo de 2017

El Papa Francisco da una charla TED




Jorge Mario Bergoglio es un anciano de ochenta años con una cabeza muy bien amueblada. Pese a haber nacido y vivido casi toda su vida en Argentina no ha tenido pereza para emigrar a Roma donde trabaja dirigiendo una organización religiosa como todos sabemos. Independientemente de que se compartan o no sus ideas parece innegable que su agenda supera en complejidad, responsabilidad e intensidad la del 99% de los ciudadanos.  Claramente su ritmo de vida no es la de un octagenario tipo. Me fijo en él hoy por la charla TED que ha dado recientemente uniéndose con ella a una gran comunidad de comunicadores e innovadores. Es un discurso muy bien llevado, tanto en el contenido como en su presentación. Escuchar a un señor tan mayor hablar de la revolución de la ternura, de las desigualdades sociales y de la importancia de la compasión para mejorar las relaciones sociales es algo realmente poco habitual.

Dentro del mundo sanitario llevo años defendiendo la necesidad de que los profesionales nos atrevamos a salir de la consulta hacia la comunidad y la sociedad elaborando contenidos, vídeos, conversaciones y encuentros. Hay que aprender de otros que también tienen su correspondiente sombra de inercia pero son capaces de dar pasos buscando ofrecer un valor añadido a la sociedad en la que viven. 

Les animo a ver el vídeo y a investigar otros oradores a los que su edad, condición social o circunstancias no han impedido compartir sus ideas y talento.




martes, 2 de mayo de 2017

Relato: La inspiración


 Foto: Wikipedia



Aquella mañana tuvo un instante de lucidez al mirar el agua caliente en el lavabo mientras se aseaba. Metió ambas manos y sintió la magia del calor y la transparencia, el profundo asombro de tener allí mismo un volumen de líquido prístino a una agradable temperatura con tan solo haber abierto un grifo. Se dio cuenta de que habitaba una existencia que excedía con mucho lo imaginable y que le empujaba en una determinada dirección ante la que paradójicamente él ejercía una notable resistencia. Tomó una respiración profunda y se miró en el espejo a los ojos dejando que aflorara despacio un pensamiento que unió gratitud y determinación. De alguna forma daba su sí a la vida, lo iba a intentar.

jueves, 27 de abril de 2017

Tecnología y comunicación en entornos sociosanitarios





La Fundación Mémora desarrolla este año un interesante ciclo de conferencias cuyo valor estriba en la multidisciplinaridad de temas y ponentes. Hoy tendré el honor de participar en esta iniciativa, invitado por María Díe, con un taller en el que reflexionaremos sobre el papel de la tecnología y la comunicación en entornos sociosanitarios. El tema es complejo habida cuenta de la rapidez que los desarrollos de alta tecnología están teniendo en nuestra sociedad y en el mundo de la salud. Adaptarse no es fácil. Pocos profesionales de la salud han meditado si les interesa tener presencia digital y cómo debería ser su estrategia para ello. Intentaremos dar pistas señalando al mismo tiempo las celadas y problemas que toda tecnología trae consigo.





miércoles, 26 de abril de 2017

Medicina y restauración





La medicina actual es parecida al mundo de la restauración. Por ponerles un ejemplo les hablaría de mi que trabajo en un McDonalds. Soy médico de familia, en mi restaurante trabajo con otros diez médicos sirviendo una media de 30-40 servicios al día  cada uno. Pese a que tenemos formación de alta cocina la cadena de hamburgueserías nos mantiene a destajo, dicen que la gente tiene mucha hambre y hay que dar cantidad a precios populares. Es lo que hacemos. Somos especialistas en producir cantidad. Lo malo es que no terminamos de quitar el hambre, la gente vuelve y quiere más.

Conozco otros restaurantes más finos. Los precios son más elevados y los platos que sirven mucho más sofisticados. En sus cocinas también se afanan pero no sudan tanto como en el McDonalds. Sin embargo con la crisis de la restauración están remodelando la mayoría de estos locales elegantes y convirtiéndolos en franquicia de otras grandes cadenas. Muchos de ellos también sirven hamburguesas, que es al fin y al cabo lo que quiere el ciudadano: bueno, bonito y barato.

Fuera del sistema de restauración oficial hay bastantes garitos alternativos que se rigen por otros principios. Suelen hacer una cocina casera o elaborada dedicando tiempo y cariño al proceso. Lo malo es que muchos de ellos solo dan limonada o vistosos platos de algodón de azúcar. Es poco el apetito que sacian y al final la gente termina viniendo al McDonald por su menú completo, lo sé bien porque me lo cuentan los que despachan en el mostrador.

Mis jefes cada día me piden que atienda más pedidos y por otro lado han empezado a automatizar los restaurantes. En pocos años no habrá administrativos en la barra y en la cocina cada vez seremos menos personal y más máquinas, total una hamburguesa básica la puede hacer cualquiera.

No sé si al final haré caso a mi primo que me aconseja marchar a servir en Inglaterra o mejor a la costa que está llena de ingleses. Aquí no pintan bien las cosas.

lunes, 24 de abril de 2017

Escribir como ejercicio de libertad

Jean Honoré Fragonard




"Escribo con tanta libertad que me sorprende que me dejen"

Arturo Pérez-Reverte




Vivimos tiempos convulsos en los que somos bombardeados por noticias e información que nos aporta poco y carecemos de la suficiente reflexión como para orientarnos en esa selva espesa de ruido. Para desbrozar un sendero en la espesura gusto de usar dos tipos de machete, el primero la lectura que permite ver, con la ayuda de otros, un poco más lejos, el segundo la escritura que ayuda a dar un pequeño paso en la reflexión y el entendimiento y además abrir camino para otros. Ayer fue el día del libro y es una ocasión adecuada para recordar el valor que tiene que podamos leer y escribir. Funciones que aprendimos hace ya mucho tiempo y que siguen siendo válidas en nuestra lucha por dotar de sentido la existencia.

Por mi parte puedo añadir que la lectoescritura tiene una clara función sanadora al aportar a la persona en tiempo de enfermar una posibilidad de comprensión y de expresión fundamental en su proceso. Me gusta prescribir tanto libros como escritura. Animo a mis pacientes a mantener vivo algún cuaderno de escritura y a compartir algún escrito cuando ellos lo consideren. Sé que les ayudará como lo hace conmigo tal y como saben los que sigan este blog que cumple ya mismo siete años de vida.

Ejercer la libertad implica de varios requisitos. Apuntare tres: el primero un suficiente grado de conciencia, el segundo un mínimo conocimiento y entendimiento, el tercero valor para elegir la opción más congruente con nuestra conciencia. Cuando escuchamos o leemos a alguien enseguida nos percatamos de estos factores. Bastan cinco minutos para saber de qué pie cojea nuestro interlocutor. No hace falta recurrir a la vehemencia ni a la falta de respeto para ejercer la libertad, en contra de lo que vemos en los medios de comunicación. El silencio o el discurso tranquilo suelen esconder más fuerza y claridad que la mayores campañas de marketing.

Merece la pena leer para abrir un poco nuestra mente y escribir para mejorar nuestra capacidad de comunicar al mundo lo que pensamos y sentimos. En el viaje hacia la felicidad son barcos que todos deberíamos atrevernos a tomar.


viernes, 21 de abril de 2017

La sabiduría de los clásicos.







Nuestra civilización debe mucho a los hombres y mujeres del pasado que nos han legado en herencia su pensamiento y creatividad en forma de poesía, teatro, filosofía, matemática, ciencia y otras mil manifestaciones. Tras leer Fragmentos de George Steiner me doy cuenta de lo mucho que esa herencia sigue iluminándonos hoy día. El autor es uno de los sabios contemporáneos más insignes y en su libro nos lo demuestra ofreciéndonos una serie de propuestas sobre lo divino y lo humano en las que mezcla las ideas clásicas con sus propuestas reflexivas. Hoy está de moda la programación de ordenadores y triunfan aquellos capaces de crear código capaz de transformarse en aplicaciones y programas que ofrezcan suficiente valor añadido como para que se viralicen y se extiendan ampliamente. Los antiguos griegos también lo hacían en sus diferentes disciplinas. A nosotros han llegado sus éxitos. La historia de Troya, la de Odiseo, la de sus muchos mitos y leyendas, también sus teoremas, geometrías y aritméticas. Quizá lo más descorazonador sea contemplar cómo los herederos de aquellos sabios ven hoy su tierra esquilmada por banqueros a los que algunos se vendieron sin calcular bien las consecuencias. Esto nos debe recordar que la adaptación al medio no cesa jamás y que "pez que no nada se lo lleva la corriente". 

Otra de las obras del pasado que ha dejado en mí una profunda impresión estos días ha sido un capitel de la iglesiarománica de San Claudio en la ciudad de Zamora. La maestría del artista de hace ochocientos años suscitó un enorme asombro en el que les escribe. Hablar en piedra me ha parecido siempre un arte singular, tanto por la posibilidad de hacerlo con los volúmenes, espacios y juegos de luces de la arquitectura como con la sutileza, sensibilidad y belleza de la escultura. No sabemos mucho del autor. No conocemos su nombre ni su historia, como pasa con la mayoría de quienes nos han precedido. Lo que sí sabemos es que era muy bueno en su oficio, tenía sensibilidad, ingenio y capacidad de trabajo. Era un virtuoso. Además de la belleza de su legado nos regala el recuerdo de que siempre es posible lo inaudito. Si él fue capaz de hacer hablar y cantar a la piedra qué no podremos hacer nosotros. 

Tanto de Steiner como del anónimo escultor zamorano podemos aprender muchas cosas. Entre ellas a rescatar ese fondo de virtud que convive con todos nosotros en las profundidades de nuestras bodegas. Los demás necesitan ese brillo y nosotros también pues hay pocas cosas que den más sentido que el atrevernos a compartir nuestra virtud con otros. 



martes, 18 de abril de 2017

Elogio del laberinto


Laberinto 
Foto de  David Marquina Reyes


 


Nunca los laberintos estuvieron más de moda, nunca se construyeron tantos ni se erigieron como estructura social básica. En origen el arquetipo del laberinto significaba prueba, en su seno se escondía un tesoro a menudo guardado por monstruos y peligros. La estructura del símbolo está presente en casi todas las culturas como lugar intrincado que complica el camino hasta el punto de hacer casi imposible hallar la verdadera ruta. Nos muestra una imagen de complejidad y dificultad que de alguna forma todos hemos vivido alguna vez en nuestras vidas. Nos recuerda que en ocasiones no es fácil discernir el camino correcto, aventurar una salida o conseguir una respuesta.

Nuestras grandes megaciudades tienen mucho de laberintos al ser sumatorios de redes complejas que se imbrican entre si. La red de metro, la de transporte de superficie, la red eléctrica, la de agua potable, la de alcantarillado, el trazado de calles, las edificaciones y estructuras... A parte tenemos las redes de comunicación que tejen nuestros teléfonos y ordenadores, radios y televisiones. Una maraña de conexiones que unen incontables nodos. Si lo contemplamos a suficiente distancia veremos claramente el laberinto. Quizá caminando por la calle o reposando tranquilamente en el sofá no sea tan evidente pero no hay duda de que jamás la humanidad había creado antes una complejidad mayor, un laberinto tan enorme y globalizado.

Ante este enorme reto caben varias preguntas: ¿dónde está la entrada? ¿y la salida? ¿cómo orientarnos dentro de él? ¿qué peligros deberemos enfrentar? ¿cómo salir bien librados de la prueba? Disponemos de varios mitos que nos ayudan a responderlas pero son solo orientaciones, el grado de complejidad que enfrentamos es tal que nos obligará a cada cual a dar sus correspondientes respuestas, dado que el laberinto de cada cual es diferente. Sumamos al externo el personal construido sobre una base educativa y cultural que nos determina los muros interiores, los pasadizos y conexiones que separan sensaciones, ideas, emociones y sentimientos. Nuestro protagonista es la atención, el héroe que dotado de una pequeña antorcha deberá avanzar por los pasillos buscando una salida.

Uno de los mayores retos lo constituyen las distracciones que nos asaltarán de todos los modos posibles. En su largo viaje Ulises se encontrará con diferentes personajes y escenarios que tratarán de distraerlo y desviarlo de su misión. ¿Qué es la vida sino una sucesión de contratiempos? No faltarán apetitosas tentaciones, propuestas imposibles de rechazar o promesas de éxito que esconderán traiciones, puñaladas y perdidas irreparables. Encontraremos bifurcaciones que conduzcan a la vida y a la muerte, callejones sin salida, trampas llenas de afiladas cuchillas. Tampoco obviaremos la humedad, los bichos y criaturas que se arrastran, las cucarachas y roedores. Y como no, los personajes que irán apareciendo, a veces agradables y seductores, otras de aspecto nauseabundo o aterrador.

Muchos no pueden soportar la prueba y tratan de escapar de la misma por atajos que conducen siempre a pozos de sombra. Se apoyan en falsos amigos como el alcohol y otras sustancias, el exceso de trabajo o cualquier vicio que otorgue unos instantes de placer y desconexión. Quizá por eso sea tan frecuente encontrar muertos vivientes arrastrando sus pasos por la calle, con la mirada perdida o ahogada en un teléfono móvil. La figura del zombi es enormemente popular porque nos muestra claramente el final de mucha gente perdida, la posibilidad de perdurar muertos en vida, lo que a fin de cuentas es del todo imposible.

Uno de los aspectos más característicos es el paisaje sonoro. Es casi imposible permanecer en completo silencio. Si no nos acosan los anuncios desde cualquier pantalla, lo hará algún aparato escupiendo música o cualquier tipo de emisión. Y en los momentos de supuesta quietud, incluso la nocturna, será finalmente nuestra mente la que no cese de hostigarnos con pensamientos circulares. Dentro de las voces que podremos escuchar se incluyen la de los falsos profetas y vendedores de bebedizos, herederos de aquellos brujos antiguos pero fogueados por el engaño y las técnicas de telemarketing. Dudo mucho que alguien consiga explicar el gran éxito que logran al precio de despistar aun más a los atribulados caminantes.

El primer paso que podemos dar para salir del laberinto es darnos cuenta de que estamos en él. Algo que sabemos desde que Platón nos ilustró con el mito de la caverna, algo que muchos nos han ido recordando a lo largo del tiempo sin que al parecer tuvieran mucho éxito.

No les puedo decir qué pasará, sobre todo al caminar todos como humanidad de la mano, hecho que los más ricos y poderosos se empecinan en ignorar. No se vislumbra una clara salida, toda vez que el entero planeta parece estar involucrado en este ardid. Pero, tal vez, alguno consiga encontrar un momento de silencio, quizá de lucidez, a lo mejor de comprensión. Me gustaría creer que en la perspectiva que se obtiene al subir a la cima o en la clarividencia que nos sale al camino cuando la vida nos da una de sus lecciones hallemos las claves necesarias para dar un paso coherente y acercarnos un poco más a la salida. Dado que cada paso de cualquier ciudadano en la dirección correcta nos acerca a todos a la misma. No se trata de huir sino de comprender, no hay que salir de ningún sitio sino aprender a estar. A fin de cuentas la palabra más difícil de conjugar ha sido y sigue siendo el verbo ser.

Cuando levanten los ojos de este texto y miren de frente la vida que les toca vivir acuérdense de esto. Todo lo tienen ahí delante pese a que las formas que se muestran no son capaces de irradiar todo el esplendor que contienen dado que nuestra visión se mantiene velada. Sonrían y aprecien el misterio, tal vez algún día esos velos sean levantados, en ese momento entenderemos. 









domingo, 16 de abril de 2017

Resucitar





El olvido ha sido siempre la perdición del ser humano. Más si cabe en esta época que denosta a los ancianos. Algunos olvidos son permisibles otros no. Desaprovechar la lección de vida que hay en toda caída, pérdida o derrota tanto personal como grupal es una oportunidad tirada a la basura, un tesoro dilapidado. La memoria histórica que no se cuida nos hace repetir los mismos errores una y otra vez, las mismas masacres, idénticas injusticias.

¿Qué puede pasar si olvidamos el significado de palabras como resucitar? Probablemente lo que ya está pasando: poco a poco hay menos resucitados y más zombis. Menos posibilidades de superar una muerte aparente para recuperar una vida con mayor plenitud y más frecuencia de acabar vegetando muertos en vida.

No es una cuestión de recuperar ritos, novenas o maneras antiguas. Trato de señalar una capa de realidad de más profundidad, el nivel semántico que sostiene la concepción del mundo que como sociedad hemos creado. Vida y muerte danzan a nuestro alrededor desde que el universo fue creado. Desde el paleolítico se empezaron a preguntar cómo funcionaba este misterio y mentes privilegiadas llegaron a la conclusión de que existía una delgada línea entre ambas que denominaron resurrección, transmutación o reencarnación. Un fino hilo de cambio que dotaba al misterio de sentido.

Basta con abrir bien los ojos para encontrar ejemplos. Desde el devenir de las estaciones hasta los manejos del reino vegetal. Desde los ciclos de creación y destrucción hasta nuestra propia biografía donde abundan sombras de muerte que en su momento volvieron a la luz de la vida.

Hoy hay pocos seres capaces de entender estas veladas realidades y menos aun que las sepan explicar. La gente está muy ocupada atendiendo su Whatsapp o sus redes sociales. Y de los antiguos buscadores nos hemos olvidado cubriendo su gloria con una densa capa de distracciones variadas.

El precio del olvido es alto como saben aquellos que tropiezan varias veces con la misma piedra. Si además perdemos el sentido pueden imaginar las consecuencias. No es broma cuando cito la posibilidad de ser un zombi, los mares de la historia están llenos de gente que perdió rumbo y vagó malamente hasta extinguirse.

viernes, 14 de abril de 2017

Dolor y entendimiento







Varón de dolores, varón de comprensión




He sufrido infinitos cólicos, síncopes y abscesos,
Contracturas y lumbalgias, huesos rotos, dedos machacados,
Depresiones profundas, torturas y agresiones.

He perdido hijos, hermanas, parejas amadas y muchísimos padres,
Fortunas, capitales y trabajos, fama, bienestar y prebendas,
¡Me quedé solo tantas veces bebiendo el cáliz verde de amargura!

La vida me venció en incontables ocasiones y no pude seguir,
Elegí laberintos de venenoso alcohol, negras drogas infectas,
Juego viscoso y otros muchos atajos que me hundieron al fondo.

Velé todas las noches que imagines en preocupación gris
O en sentimientos que quemaban la poca esperanza que tenía
Y supliqué a la muerte que viniera y acabara con todo de una vez.

Me convertí en anciano, tullido, decrépito y demente,
En locuras cruzadas con abandono y desazón indescriptible,
En discapacitado para las menores actividades cotidianas.

Todo para terminar comprendiendo una simple lección:
Aunque no lo parezca la agitada superficie de las aguas
De nuestras desordenadas existencias es también un abismo profundo.

No existe ola alguna solitaria, todas se hermanan
En corrientes que dotan de sentido las mareas
Porque el sol y la luna también están presentes.

Es necesario atravesar este largo camino de lecciones
Que constituyen nuestro caminar para entender
Y conseguir la perspectiva que desvele el sentido.

Desde esa altura es posible parar y sonreír
Sabiéndonos capaces de abrazar a todos los demás
Que no dejan de ser nuestra propia vida en otras formas.

¿Quién nos cantará de una manera comprensible
La nana que nos libere del engaño y de la cerrazón
Para recordarnos el verdadero nombre de las cosas?

Tenemos delante la canción desde la noche de los tiempos
Precisaremos de silencio y de valor para callar
Y tocar con las manos esa música que nos regalan las estrellas.

viernes, 7 de abril de 2017

Escapar del mundo


The world within
Foto de Susanne Nilsson



 


“Qué paren el mundo que yo me bajo” es una frase afortunada que condensa lo que mucha gente ha pensado alguna vez. Basta con ver un telediario u ojear un periódico para terminar hastiado de la humanidad. Basta con echar un vistazo a nuestro ambiente laboral, familiar y social para encontrar motivos de escapar lo más lejos posible. En ocasiones basta con darnos cuenta de la oscuridad de nuestros pensamientos o sentimientos para suplicar una salida.

Pero, ¿es posible escaparse del mundo?, ¿alguien lo ha conseguido?. Si miramos la historia encontraremos sabios, santos y virtuosos que aparentemente lo han logrado. Habitualmente tomando vías alternativas y poco ortodoxas. Algunos se marcharon a vivir al desierto o buscaron la soledad de la montaña, otros se dedicaron a servir a los más pobres o excluidos, hubo alguno que vivió subido a una columna y cuentan que muchos se dejaron quemar o torturar por sus ideas.

Como estos ejemplos suelen quedar lejos de la mayoría de nosotros lo más habitual es buscar un atajo. Los hay en abundancia y casi todos terminan en los mismos barrancos. Drogas, alcohol, juego, sexo, hedonismo, distracciones... Es habitual incluir en nuestra jornada unas horas de “desconexión” mientras vemos nuestra serie favorita en televisión, el correspondiente partido de fútbol o jugamos la partida en la consola o el ordenador. Pasamos horas conectados a Internet, a redes sociales a diferentes páginas. Caminamos por la calle mirando nuestros teléfonos móviles ajenos a farolas y transeúntes. Cualquiera que nos mire puede inferir que el grado de despiste es bastante alto, de alguna manera estamos fuera del mundo pero paradójicamente no en la forma deseada por la mayoría.

La verdadera dificultad parece estribar no en escapar del mundo sino en aprender a estar plenamente en él. Habilidad difícil donde las haya. Lo que a menudo nos resulta casi imposible es llegar a aceptar lo que la vida pone en nuestro presente. De echo la libertad humana reside en la facultad de decidir aceptarlo o no, quedarnos en ese presente o darnos la vuelta, abrir los ojos a lo que tenemos delante o mantenerlos cerrados. La huida del mundo es una huida del presente.

Cuando nos duele “el mundo” experimentamos zozobra e inquietud de forma semejante a cuando nos duele una idea o un sentimiento. Nuestro instinto nos impulsa a escapar de esa desazón y buscar tranquilidad o un poco de placer. Compartimos ese programa neurológico con las lagartijas, por eso es tan complejo escapar de él. El quid de la cuestión está en cómo reaccionamos en esa tesitura, ¿es posible mantener la postura y no escapar? Los sabios antiguos vuelven a respondernos, ellos ya caminaron esas mismas sendas con idénticas dificultades. Nos dicen que es posible mantenerse en el presente ante situaciones, ideas o sentimientos adversos. Es posible aceptar y permanecer, de hecho es la manera más idónea según algunos para conseguir que dicha desazón desaparezca o se transmute de una manera óptima. No es fácil de creer, el camino propuesto va en dirección contraria a nuestra forma de actuar. Nos pasamos la vida escapando de circunstancias y de nosotros mismos, negando lo que hay, huyendo siempre que podemos. 

Más que parar el mundo quizá podamos mantenernos a su velocidad, ni más ni menos. Sin tratar de quedar rezagados en el pasado ni propulsados hacia el futuro, tan solo quedándonos aquí, en el presente sea lo que sea que contenga. A muchos les interesa que esto no ocurra. Se venden más productos y servicios a aquellos que tratan de escapar de lo que hay. Cuando uno acepta lo que su presente tiene suele necesitar poco, basta con lo que hay. De cualquier modo me alienta comprobar que a fin de cuentas depende de nosotros.





Publicado inicialmente en la revista online El Emotional