miércoles, 16 de junio de 2010

Una lección de humildad

Acado de responder la invitación de Shora a dejar un comentario en su estupendo blog.

Lo comparto aquí también.




Recuerdo con una viveza perfecta aquel instante. Fue una de las mayores lecciones que recibí en los largos años de carrera. Duró pocos segundos pero dejó la huella suficiente como para ayudarme a ser un poco más consciente.

Una mañana de prácticas, estabamos varios compañeros esperando a entrar en la nueva resonancia magnética de un gran hospital, todos con las bocas abiertas ante tamaño avance. Mientras esperábamos reparé en la camilla con el siguiente paciente que esperaba su turno de exploración. Me acerqué y la ví la cara, era una persona joven con un trastorno congénito, malformaciones físicas y retraso mental severo. Me acerqué mas y la cojí la mano, no sé porqué, soy de naturaleza tímida. Quizá me llamó de una forma inaudible. Lo cierto es que establecimos comunicación, cruzamos nuestras miradas y empecé a llorar, me embargó una sensación difícil de definir, sentí compasión pero no era unidirecciónal, sentí mi compasión por ella junto a la de ella por mi, en un reconocimiento que me removió desde lo más profundo.

Aprendí una lección de alguien que no podía hablar. Aprendí a reconocer y ser reconocido. Aprendí a valorar en su justa medida toda la dignidad de ser humano que tiene cada persona, más allá de su apariencia y capacidades.

Aprendí humildad.

Me gusta recordar esta lección, dado que tengo la tendencia a faltar la memoria de mis maestros.