miércoles, 9 de febrero de 2011

Creatividad y virtud

Hoy me he desayunado con uno de los mejores barítonos españoles, un hombre que vive por y para la música. Hay muchos maestros que como él nos enseñan la fuerza que esconde el arte, la creatividad humana, la belleza. La sociedad siempre ha admirado a los virtuosos, nos enseñan caminos de excelencia, nos animan a ser mejores, a superarnos. Hoy quizá miremos al lado equivocado al admirar sobremanera a ciertos famosillos o deportistas de postín. Yo, tal vez por ser más clásico, prefiero mirar a tantos hombres y mujeres que nos demuestran con sencillez que otro mundo es posible cuando se intentan hacer las cosas bien, cuando se buscan nuevos caminos.

En nuestras manos se encuentra una gran fuerza transformadora. Podemos cambiar nuestra vida, podemos hallar equilibrio en las situaciones más duras, podemos encontrar salud más allá de nuestras enfermedades.

Los médicos de familia tratamos de acompañar lo mejor que podemos a nuestros pacientes y necesitamos profundamente ser virtuosos, ser verdaderamente buenos en lo que hacemos. No me valen las escusas y las quejas, por otra parte verdaderas, de que no hay suficiente tiempo para el paciente, que hay mucha burocracia, que la gestión del sistema sanitario es un desastre. Habrá que buscar soluciones a todo esto.
Pero no nos podemos quedar parados, el paciente que tenemos delante se merece el mejor de los tratos, la mejor atención.
Pienso que los profesionales sanitarios necesitan desarrollar su virtud, al igual que mi amigo barítono. La sociedad necesita oir su voz.

Habrá que seguir buscando caminos de mejora personal, a la par que seguir exigiendo a los responsables una mejor gestión.



No sé si conocerán a Arianna Savall, permitanme presentársela si no es así. Es belleza pura para sus oídos.

2 comentarios:

Juan F. Jimenez dijo...

Muy bueno Salvador, como siempre tus luminosos comentarios, dando en el clavo y haciendonos que pensar

Gerineldo dijo...

Ante las prisas que a veces nos pueden 'desesperar' en la consulta, procuro parar, reflexionar y pensar, ¿qué haría si delante de mí estuviese mi padre o mi hermana? Y la respuesta es clara: le dedicaría el tiempo que se merezca. Así disipo las prisas.