miércoles, 9 de marzo de 2011

Necesitamos recuperar el cuerpo


Michel Ende escribió Momo en el año 1973. Cuenta la historia de una niña que se enfrenta a unos hombres grises que roban el tiempo de los hombres. Lo leí con 11 años y me hizo pensar. Me sigue dando que pensar desde entonces.

En nuestra sociedad pareciera que vivimos en la opulencia, modernos coches, teléfonos móviles inteligentes, medios de transporte sofisticados, grandes y modernas urbes. Pero reflexionar sobre el coste de tantas cosas quizá sea sensato. Tal vez lo paguemos hipotencando o dejándo que nos roben el tiempo, el sentido, la dignidad o incluso el cuerpo. Si, también el cuerpo. El uso que hace de él una persona con un trabajo sedentario da que pensar. Los avances en realidad virtual, desde el ocio (cine y tv 3D, consolas de videojuegos...) hasta lo profesional o personal (redes sociales, mundos virtuales...) hacen que cada vez nuestra motivación para usar el cuerpo sea menor. Esto unido a los horarios laborales y nuestras agendas vitales apretadas hacen que prioricemos otras cosas antes que nuestro cuerpo.

Y sin embargo necesitamos el cuerpo, porque somos un cuerpo.

En todo proceso de enfermar hay que tener en cuenta esta realidad. Replantear cómo nos relacionamos con nuestra corporalidad, cómo vivimos el trabajo físico y el ejercicio, qué tiempo dedicamos al mantenimiento de lo corporal se antoja prioritario.

El ballet Bejart  nos recuerda lo que es posible hacer con un cuerpo y una partitura de Stravinsky. Tengan coraje, pongan su música preferida y bailen un rato en su cocina, no imaginan lo liberador que algo tan simple puede ser.


5 comentarios:

fingus dijo...

Leí Momo por primera vez hace muchos años. Desdde entonces intento releerla cada 2-3 años para no perder esa mirada hacia al mundo que me devuelva a la realidad.
Gracias por traerla de nuevo a mi primera plana y mostrarnos otra forma en la que el futro nos intenta robar el presente.

fingus dijo...

Leí Momo por primera vez hace muchos años. Desdde entonces intento releerla cada 2-3 años para no perder esa mirada hacia al mundo que me devuelva a la realidad.
Gracias por traerla de nuevo a mi primera plana y mostrarnos otra forma en la que el futro nos intenta robar el presente.

J. dijo...

La anécodta del barrendero en este libro me llegó este año cuando preparaba el MIR de la mano de Carlos Valiña. Desde entonces, cuando estoy agobiada, siempre trato de recordarla...y funciona!
Un saludo!

La anestesista inocente dijo...

Se la estoy leyendo ahora a mis hijos por las noches. Nos ayudará a entendernos mejor y a mirar con similares gafas. Una vez que se está contaminado es difícil quitarse el color gris.

Doctor Salvador Casado dijo...

Es bueno retomar la lectura de estos libros que no caducan nunca. Me sigue pareciendo mentira la facilidad que tenemos los seres humanos para que nos roben (robemos) el tiempo.

Gracias por los comentarios.