lunes, 20 de junio de 2011

Cuidados sanitarios de los ancianos más mayores



Monica Lalanda es una médica de urgencias con experiencia y sabiduría. Nos regalaba hace unos días una reflexión sobre Morirse de Viejo, y sus implicaciones en nuestra sociedad. Los mas mayores sufren como nadie una hipermedicalización que roza el encarnizamiento terapéutico y cuidados sanitarios que muchas veces abusan de las visitas a urgencias hospitalarias, de pruebas diagnósticas y de una peregrinación  a mil y un especialista.

Otro aspecto es el de las residencias de ancianos. Tema muy controvertido. La asistencia médica en ellas suele estar cubierta por profesionales jóvenes o no especializados en geriatría. El convenio colectivo de residencias hace que la remuneración de este puesto sea muy baja. Yo mismo trabajé varios años en una y sé de lo que hablo. Una remuneración que no es proporcional al grado de gran complejidad de las personas que hay que tratar.

Si tenemos pues en la misma ecuación, pacientes muy complejos, médicos sin el apoyo de formación, conocimiento o consultoría que necesitan, y una sociedad que no quiere ver la situación, tenemos un problema. Un grave problema.

A nivel constructivo creo que se pueden hacer cosas. Yo tengo una residencia de ancianos en mi cupo de pacientes y creo que me puedo coordinar mejor y comunicar mejor con la médico de la residencia y el personal de esta. Además de incrementar las visitas, pocas, que hago a la misma. El grado de saturación de la consulta no me lo pone fácil, pero veo un claro camino de mejora. Tener algún tipo de acceso a un consultor, geriatra, médico internista... facilitaría las cosas en los pacientes más complejos. También mejorar la burocracia que es mucha, recetas de crónicos, ambulancias, partes de interconsulta, analíticas... En nuestro centro de salud contamos con la inestimable ayuda de la coordinadora de enfermería, cuya implicación y responsabilidad es digna de elogio y le agradezco públicamente. No siempre es así. Las gerencias deberían reconocer esta labor y facilitarla.

En el taller de envejecimiento activo del Congreso de la Blogosfera Sanitaria #2cbs tratamos de responder a las muchas cuestiones que suscita este tema. ¿Qué rol desempeña la tecnología en los cuidados sanitarios del mayor? ¿Las redes sociales, la telemonitorización, las herramientas de comunicación, aportan valor añadido? Estamos en un punto en que  necesitamos formular preguntas y reflexionarlas. Julio Mayol nos aportó en primera persona la experiencia de sus padres con la tecnología: es posible que los mayores y sus familias la usen para mejorar la calidad de vida y los cuidados sanitarios. Los profesionales de la salud debemos estar preparados.


Los ancianos más mayores consumen antibióticos varias veces al año, junto a una pléyade de medicamentos enorme. Son sometidos a múltiples pruebas diagnósticas. Son movilizados a consultas de hospital en muchas ocasiones... En muchos casos quizá no tengan el apoyo emocional, de comunicación, actividad, sociabilidad que necesitan.

Está claro que reciben una respuesta de la sociedad. Pero ¿es la adecuada?

 Yo si fuera un anciano en este momento no estaría contento con lo que veo. ¿Usted?

5 comentarios:

Juana dijo...

A raiz del artículo de la Dra. Lalanda hicimos algunas reflexiones en diversos blogs, personalmente me parece que tenemos un problema de grandes dimensiones con la muerte, ni la aceptamos, ni la queremos ver, ni la estudiamos, ni .... eso genera un sufrimiento inútil y un gasto desmedido .... ¿nos enfrentaremos a esto? ....

Anónimo dijo...

¡Qué bueno el artículo de esta doctora!
Hace poco vivimos ese ensañamiento terapéutico previo a la muerte de mi abuela. Noventa y dos años, demenciada, con una infección terrible causada por el rechazo al clavo que le habían puesto en la cadera, 10 cm de abertura que se veía la cadera... pero había que operar para retirar el clavo! Todo terminó dejando extinguirse su vida completamente sedada, sedación que podían haber puesto antes en vez de someterla a tortura. Los gritos se podían oir en toda la planta del hospital, cada vez que la limpiaban o cambiaban de postura. Demenciada como estaba llegó a decir: quiero morirme.
¿Cómo estás abuelita? ¿Te duele ahora? No; Pero estás muy triste. Cómo voy a estar...
Estas son las últimas palabras con sentido que oí de su boca, las última que crucé con ella, pero después de muchos años sin decir apenas nada con sentido. ¿El dolor le haría recobrar un poco de cordura para pedir morirse?
¿Y qué decir cuando la tuvieron una hora sentada dando alaridos porque estaban esperando un colchón antiescaras y no llegaba? Es un trabajo duro y pienso que estas personas, como estrategia de supervivencia, llegan a sufrir cierto embotamiento emocional.
Todo ese sufrimiento se habría evitado si médicos y algunos familiares hubieran aceptado que había llegado su hora y que no iban a mejorar en nada su vida a partir de ese momento.
La vida lo es todo cuando es vida, pero no tiene ningún valor cuando no tiene ni una pizca de calidad ni esperanza de ella.

Y voy más lejos, no hubiera sentido ningún dilema ni quiebra moral por ayudar a liberarla de ese suplicio.
Es más importante la dignidad, la poca que a veces le puede quedar al anciano, en el morir que perpetuar una vida sin valor para el que la posee muy a su pesar.

Laura.

Salvador Casado dijo...

Gracias Juana por tu comentario.

Lo que cuentas, Laura, da mucho que pensar. Prolongar artificialmente una situación o ser muy incisivo puede ser cruel.

Necesitamos humanizar tanto la vida como la muerte.

Necesitamos replantearnos muchas cosas.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por la mención, acepto lo de la experiencia, sin embargo lo de la sabiduría me queda grande.

Es un tema muy dificil y muy delicado. Lo hacemos mal o muy mal y deberíamos replantearnos los principios mas básicos de la medicina cada vez que tratamos con un anciano de la cuarta edad.

Laura la historia de tu abuela es terrible y lo mas triste es que lo que cuentas es la normalidad en nuestro sistema sanitario.
Mónica

Anónimo dijo...

En alguna medida me quedó la sensación de que la conversación estaba inacabada y le he dado alguna vuelta más. He intentado registrarme en El Mundo para aportar un comentario en el blog de Mónica, pero no me manda el correo de registro (lo intentaré de nuevo).
Bueno, lo que quería comentar es que las cosas pueden cambiar pero se necesita movimiento en diversos órdenes. Igual que hace años los protocolos de atención al parto eran muy diferentes a los de ahora, y surgieron voces: "No nos separen" "Programas madre canguro" "El parto es nuestro"... diversas asociaciones que pedían un parto más respetado (reduciendo inducciones, sin episiotomías y cesáreas innecesarias, sin rasurados, sin separaciones, sin sondas nasogástricas por protocolo) y con un apoyo directo a la lactancia.. ¿No hay asociaciones que pidan una muerte más digna? Si las hay los médicos son los que deberían canalizar las quejas de los familiares a ellas. Pero no solo está este nivel. Si cambió el protocolo de atención al parto, a parte de conciencia social, hubo el paso de llevar a la OMS ese debate, de que esta se pronunciara, de que sus normativas vinculantes para los países fueran implantándose. De que los gobiernos redactaran protocolos de actuación hacia los hospitales.
Un médico no siempre puede tomar ciertas decisiones, más con la medicina defensiva que tenemos, pero si el protocolo impide que se ingrese en un hospital a un anciano de tales o cuales caracterísiticas y hay un sistema de atención alternativo, ese puede que sea el camino. Un anciano debería morir en su casa (sea esta la suya, la del familiar más cercano, o incluso la residencia en la que lleva cierto tiempo atendido), no en el hospital. Y creo que hay recursos para poder establecer un servicio de atención a estos pacientes que pase por un médico que vigile su medicación, su sedación en caso necesario, personal que se encarge de ayudar a la higiene de estas personas... Si es que seguro que esto saldría más económico que tener días y días a un anciano ocupando una cama esperando que llegue el fin. Los familiares a veces son reacios a esto; parece suponer mucho lío que un anciano muera en casa (opino que es el último lío que va a provocar ese ser humano). Además siempre hay familiares que creen que hacer más es hacerlo mejor y quedar en paz con su conciencia (yo hice lo que pude... pero ¿hizo lo que necesitaba?)
Por ello también es necesario que el médico tenga muy claro el protocolo a seguir (enfermo de tal y tal condición no se le realiza tal o cual prueba etc etc...) para poder informar a la familia de las opciones.
Llega un momento que lo único que se puede es tener la humanidad de dejar al anciano morir en paz, con el mínimo dolor y la mayor dignidad. Pero tiene que hacerse moviéndonos todos. Igual que se pidió el poder llevar un protocolo por parte de la parturienta, es una opción para el anciano, pero luego están las asociaciones, si las hay que presionen, y conciencien a la gente. Y esto canalizado por los médicos, poniendo en contacto a los familiares con los cauces de actuación. Y que el debate si no lo hay, se lleve a la OMS (los ancianos son muy olvidados). Y articulando equipos que se encarguen de los domicilios de esas personas en sus últimos días, apoyando a los familiares, desde la Atención Primaria.

Bueno, perdón por la longitud del mensaje. Me gustaría que lo pudiera leer la doctora Mónica Lalanda. He visto que en su blog han opinado muchos médicos pero no muchos familiares de pacientes. Por si puede servir de algo mi comentario.

Saludos.
Laura.