jueves, 19 de abril de 2012

Monarcas, desazón y pacientes




La hija de unos pacientes mayores acudió hace unos días por recetas para su madre, se las dí y cuando se marchaba le pregunté por su padre, de 95 años con deterioro cognitivo severo, al que he tratado en los últimos 6 meses una escara en pantorrilla de difícil control, que seguían en la unidad de úlceras del hospital por su complejidad. Me dice que murió hace una semana. Hablamos. Se ha sentido mal tratada por nuestro servicio de atención primaria. Con la enfermera hubo mala relación, no le gustó como curaba la úlcera y la dijo que no volviera. Yo he acudido mensualmente a revisarlo a casa, estable, tan solo febrícula vespertina y tensiones bajas. Le iba pautando ciclos de antibiótico intermitente.
Me sentí muy mal por no haber podido cubrir las expectativas de mi paciente. Sé que nos es justificación pero con más de 2200 pacientes y 45 visitas/dia tengo poca cancha para hacer avisos (zona muy amplia de urbanizaciones, tiempo  medio 30 minutos) y me causa un gran sentimiento de impotencia no ser capaz de ofrecer mejores cuidados. En los centros de salud de Madrid ya llevamos muchos años de recortes.

Cuando al dia siguiente de esta entrevista me entero de que el rey se ha roto la cadera cazando elefantes en África, en una cacería que excede mi sueldo anual, con repatriación en avión medicalizado que pago con mis impuestos y operado en clínica privada... la impotencia se convierte en indignación.

Tengo la sensación de que hoy las dos Españas están formadas por los que tratan de construir la sociedad y los que no. La diferencia está en un concepto, que parece sencillo pero no lo es, que se llama bien común. Sólo si aprendemos a ponerlo como prioridad en nuestras vidas seremos capaces de salir de la situación que ahora atravesamos.



Foto: 'Elephant and Dust'
http://www.flickr.com/photos/12234865@N04/3769074526