sábado, 14 de abril de 2012

¿Por qué si nunca estuvimos más sanos nos sentimos tan enfermos?



Las sociedades occidentales han logrado altas cotas de salud y de esperanza de vida. Ninguna generación previa vivió tanto como las del último siglo.

Por contra cada vez es más frecuente que la gente se sienta enferma. No toleramos ningún síntoma. Un simple catarro suele conducir a una visita al médico. Un niño con unas décimas de fiebre acabará en urgencias. Una embarazada tomará a diario vitaminas y suplementos. Un anciano medio consumirá 6 ó 7 fármacos distintos...

¿Qué está pasando?

Vivimos una época de desequilibrios y me parece que la definición actual de salud como "estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia" ya no funciona.

El estado del bienestar se fue, la salud del "bienestar" también. Habrá que rescatar con fuerza la palabra adaptación y muchas otras como: conciencia, solidaridad, compasión, creatividad, comunicación y alegría.

Cada ser humano habrá de vérselas con sus propios límites, los de su entorno y los de la sociedad. Y saber entender cuáles son superables y cuáles no.

Una profunda reflexión se impone como necesaria. Muchos van a intentar vendernos que estamos enfermos, que tenemos tal o cual etiqueta diagnóstica, que necesitamos tal o cual remedio. Y habrá que pasar por caja. Para hacernos pruebas y chequeos, para ser sometidos a múltiples tratamientos...

La paradoja es que la salud, como el amor, no se compra. Por eso es vital replantearnos los conceptos, su definiciones. Podemos pagar ciertos servicios pero hay valores que escapan al lazo económico, por muy bien armado que este esté.


Foto: 'Adieu'
http://www.flickr.com/photos/65055333@N00/3095766651




5 comentarios:

Elisa dijo...

Muy buena reflexión.
¿ Es posible algún remedio a esta situación ?

Anónimo dijo...

Hola a todos:
Una de las soluciones a este problema es tan simple como, diría yo, imposible de llevar a la práctica. Jamás llegaremos a un estado completo de bienester físico, psísico y social mientras en los puestos de trabajo, por poner sólo un ejemplo, no se fomenten los ambientes sanos de trabajo. Y me refiero a la parte psíquica. ¿Cómo se pretende estar sanos si cuando llegamos a nuestro desempeño diario tienes a tus "compañeros" y "jefes" enrareciendo el ambiente y con el puñal en la espalda dispuesto a clavártelo. Cuanto más te esfuerzas es ser educado, solidario, compasivo, amable, con una sonrisa y un buenos días y un adiós a la hora de acabar la jornada, "más te joden" (con perdón).

José Manuel Brea dijo...

Este es un tema que le incumbe a la Sociología de la Salud. Aunque no deja de ser una consecuencia de la Sociedad de la manipulación que nos han impuesto (único objetivo: el consumismo) y a la que no hemos sabido, todavía, rebelarnos. Konrad Lorenz en su ensayo “Los Ocho Pecados Mortales de la Humanidad Civilizada” (1973), contempla en el 4º la intolerancia al menor desagrado.
http://medymel.blogspot.com.es/2010/04/los-ocho-pecados-mortales-de-la.html
Por otro lado, sobre esta cuestión que como profesionales nos atañe, lo tenemos muy difícil, amigo Salvador. Porque la salud, como bien fundamental, es vista como la mejor fuente de ingresos espurios.

Samuel Franco Domínguez dijo...

Es realmente el problema de la salud en los países desarrollados.
Se ha hecho que enfermedad sea cualquier situación desagradable que la persona quiera solucionar usando el sistema sanitario. Quiero pastillas para no sentir ira y tener cabreos. Soma, se llaman, y Aldoux Huxley escribió sobre ello.
Se ha hecho que el "tienes derecho a a la salud" sea un "tienes derecho a un completo bienestar". Así se ha explotado el concepto Spa en rehabilitación, por ejemplo. Se ha reclamado el masaje por placer incluido en las prestaciones sanitarias, la negación a hacer ejecicio o cualquier esfuerzo (los pacientes dicen: "vengo a que me hagan ejercicios", nunca "vengo a que me enseñen ejercicios". Y desde luego la idea de hacerlos en casa horroriza. No, la fuerza de voluntad para salir a dar un paseo diariamente no entra por la Seguridad Social. Desparece el esfuerzo y la responsabilidad personal sobre la propia salud. Y para todo debe haber balas mágicas que lo resuelvan. El niño no me come, mi marido tiene mal olor en los pies, despues de comer fabada tengo gases...
El otro día pensaba algo similar a lo que dices tras recibir a una paciente de 80 años diagnosticada de condromalacia rotuliana con una resonancia magnética. Su hija exigía un tratamiento que no fueran fármacos, que no le costase esfuerzo (porque venir a rehabilitación ya era un esfuerzo) y que fuera para siempre (y sin operar claro)
"Somos españoles y hemos cotizado toda la vida" esgrimía como argumento. "¿Y algo para que los pies no se le queden fríos no tiene?" Me preguntó antes de irse.

José Manuel Brea dijo...

Este es un tema que le incumbe a la Sociología de la Salud. Aunque no deja de ser una consecuencia de la Sociedad de la manipulación que nos han impuesto (único objetivo: el consumismo) y a la que no hemos sabido, todavía, rebelarnos. Konrad Lorenz en su ensayo “Los Ocho Pecados Mortales de la Humanidad Civilizada” (1973), contempla en el 4º la intolerancia al menor desagrado.
http://medymel.blogspot.com.es/2010/04/los-ocho-pecados-mortales-de-la.html
Por otro lado, sobre esta cuestión que como profesionales nos atañe, lo tenemos muy difícil, amigo Salvador. Porque la salud, como bien fundamental, es vista como la mejor fuente de ingresos espurios.