miércoles, 6 de febrero de 2013

Los adolescentes y el miedo a la muerte

Foto: 'Roses'
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En el último mes he atendido a dos adolescentes de 16 y 14 años por crisis de ansiedad de repetición en relación a pensamientos sobre la muerte. El tratamiento consistió en escucharles atentamente, al primero durante 45 minutos, al segundo media hora. Esto para un médico de familia de Madrid que dispone de 6 minutos de media por paciente no es sencillo. Casi todos los días tenemos que hacer delicados equilibrios para tratar de hacer las cosas bien y no arreglar los problemas a golpe de receta.

El miedo a la muerte es universal, cada persona lo siente de una forma particular y personal. Los adolescentes se enfrentan a él por primera vez, dado que el niño por definición no se suele plantear la muerte personal.

Me llama la atención la coincidencia temporal. ¿Influirá el aumento de miedo social debido a la coyuntura de crisis que padecemos?, ¿habrá algún factor ambiental que esté potenciando estos miedos?

No puedo contestar, pero tampoco dejar de hacerme preguntas. De alguna forma la sociedad que estamos dejando a nuestros hijos e hijas da un poco de miedo. Va siendo tiempo de cambiar el  punto de vista y plantear cambios. Va siendo tiempo de apagar la televisión y dejar de escuchar mensajes victimistas y negativos. La vida es mucho más que la prima de riesgo y la macroeconomía.

Enseñar a los jovenes a vivir implica ayudarles a incluir la muerte como necesaria compañera de viaje. Las sociedades que esconden enfermedad y muerte no favorecen la comprensión de estas realidades. Y lo que no se comprende o  escondemos debajo de la mesa... termina proyectando sombras tenebrosas.

1 comentario:

nuriadelamo1 dijo...

El miedo a la muerte, desde luego es algo universal, pero que un adolescente se preocupe por algo que aún tiene tan lejano es por lo menos, llamativo.

En mi opinión si tiene que ver la crisis que estamos viviendo, ya que no es sólo económica, es ética, social, de valores, es un sálvese quien pueda. Tal vez lo que más me preocupa, y supongo que a todos, es que no vemos luz al final del túnel, no tenemos ni una esperanza cercana de que esta situación vaya a cambiar a mejor.

Si, por supuesto que no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista, pero esa sensación de tristeza, desesperanza, corrupción y malestar que nos rodea, hace que a ciertas personas, que tal vez en su entorno más cercano, están padeciendo los efectos de esta crisis con más dureza, les afecte, que piensen en la muerte, no ya con miedo, si no hasta como una posible salida, la que no vemos por ningún lado. Debemos apoyar a nuestros jóvenes, a la gente que nos rodea, pero sobre todo a quienes veamos más débiles, no se puede ser fuerte todo el tiempo, y tal vez, apoyándonos unos a otros consigamos, al menos, pasar esta etapa tan mala, aunque sea de puntillas.