viernes, 28 de junio de 2013

¿Cómo vas de derechos humanos?





Jimmy Carter criticaba hace unos días al gobierno de su país por la falta de respeto a los derechos humanos que desgraciadamente cada vez es mayor. Los escándalos de las violaciones de privacidad a ciudadanos normales se suman a la larga lista de excesos por todos conocidos. Pero la reflexión de hoy no quiere centrarse en el escrutinio de una potencia mundial  sino en el propio, que es mucho más difícil.

El hecho de que Carter plantee que la pérdida de liderazgo moral es un problema grave nos puede ayudar a replantear la importancia de los valores sociales, sea cual sea la sociedad o país en que vivamos. Las tesituras de crisis nos abocan a posicionarnos. Los valores son la carta de navegación que usaremos, nos permitirá encontrar una salida segura de la tormenta o nos llevarán al naufragio. No son un lujo de filósofos, sino una necesidad generalizada.

Una decisión como privar de derecho a la asistencia sanitaria a muchos ciudadanos en España es una decisión que implica una clara dirección ética. No es verdad que haya una razón económica detrás, por lo menos no es toda la verdad. Se puede demostrar que sale más caro al erario público la asistencia de estas personas en las urgencias de los hospitales o el permitir que padezcan enfermedades como la tuberculosis que son un problema serio de salud pública que puede afectar a otros muchos ciudadanos.

Si vamos un poco más lejos lanzaría varías preguntas fáciles:

¿Cuándo fue la última vez que paseaste por un pinar? ¿o que tomaste un café tranquilo con un buen amigo?, o que abrazaste a ese familiar que lo necesita tanto? ¿o que escuchaste un concierto de tu música favorita en directo? ¿o que te maravillases de una rosaleda llena de color?

Por mi consulta pasa mucha gente agobiada que se permite muy pocos derechos humanos. Entiéndanme, la gente come, se viste, duerme, sale de casa, lee periódicos... pero muchos se olvidan de cuidarse, de atender sus necesidades más profundas y en consecuencia de atender las necesidades más profundas de los que les rodean. Tal vez recuperar este derecho, que por ser más básico no está recogido en la declaración universal de los derechos humanos, nos permita plantear un cambio de conciencia cada vez más necesario. Si no sabemos lo que verdaderamente necesitamos no sabremos lo que queremos, ni para nosotros ni para los demás.