jueves, 25 de julio de 2013

Relatos de verano: A modo del doctor House

Tenía el mismo mal genio que el doctor House, la misma cara larga, la misma mala leche. Era frecuente que despachara a los pacientes con cajas destempladas. Todas las semanas acompañaba a alguno al mostrador de información y les decía a las administrativas que se lo quitaran de su cupo. Suscitaba pasiones, una parte de sus pacientes le amaba incondicionalmente, la otra le odiaba o le temía. No dejaba a nadie indiferente. Le conocí fugazmente en un cambio de turno, aquel día se acercó al centro a saludar a sus viejos colegas. Yo no llegué a coincidir laboralmente con él, cuando gane la plaza ya había elegido otra vacante en la otra punta de la ciudad. Un trabajo de urgencias, de más batalla. No me pude hacer una opinión, había escuchado demasiadas historias. Saqué en claro que ahora estaba mejor, no tenía que seguir a los mismos pacientes, no se planteaba regresar. Mejor así.