sábado, 5 de octubre de 2013

El médico homeópata

La homeopatía es un tipo de medicina no convencional que sigue las tesis que Samuel Hahnemann publicó en el siglo XlX basadas en  que "lo semejante se cura con lo semejante" para lo cual administra sustancias que causarían síntomas parecidos a los que tiene el paciente pero sometidas a grandes diluciones. El paciente toma por lo tanto agua o bolitas de azúcar en la que la sustancia prescrita ha sido diluida tantas veces que teóricamente no quedan moléculas de ella en la preparación. Esta forma de medicina no ha conseguido demostrar mayor eficacia que el placebo por lo que muchos la consideran pseudocientífica. Tampoco obtiene resultados en patología traumatológica, urgencias vitales, crisis asmáticas o úlceras corneales por poner unos ejemplos.

¿Entonces por qué tantas personas acuden a ella?

En primer lugar porque la medicina convencional no tiene respuestas para todo. En especial para los problemas "crónicos", produciendo por tanto muchos excluidos, pacientes con un tratamiento clásico que no están contentos con su calidad de vida.  En segundo lugar por la pobre comunicación. No es lo mismo disponer de seis minutos para hacer un abordaje integral bio-psico-social, como el que los médicos de familia sabemos hacer, que disponer de media hora en la consulta privada de un homeópata. Está claro que la escucha y la comunicación son muy mejorables dentro de los sistemas sanitarios convencionales. Médicos agobiados que miran más la pantalla del ordenador (por que sus jefes les exigen documentar todo lo que hacen) que a los ojos de los pacientes, enfermeras que van corriendo de sala en sala...


Lo cierto es que un 25% de los pacientes acaba consultado en algún momento con algún terapeuta de medicina alternativa, cifra que nos debería hacer pensar.

En mi valoración creo que disciplinas como la homeopatía tienen su espacio y pueden ayudar a cierto perfil de personas y de situaciones. Creo más prudente usar homepatía ante un niño con catarros virales recidivantes que intoxicarlo a antibióticos siete veces al año... por ejemplo. Muchos podrán criticar esta aproximación pero tras ejercer la medicina largo tiempo voy comprobando con humildad que el aforismo clásico "curar a veces, aliviar a menudo, confortar siempre" sigue siendo de gran actualidad. Y como autocrítica constato que mi forma de acompañar al paciente es muchas veces mediocre en parte por la estructura en la que trabajo, rígida y con pocos recursos de tiempo para el paciente y por otra por la mía personal, llena de lagunas de conocimiento, comunicación deficiente y múltiples errores.

En una relación médico paciente lo fundamental es el criterio del profesional, la prudencia, el sentido común sobre todo cuando el paciente solicita terapias de dudosa eficacia como células madre o condrocitos para cartílago de rodilla, bifosfonatos para prevenir fracturas en mujeres menopáusicas, o terapias habladas para trastornos de la personalidad. Cuando no hay base científica sólida que respalde el mismo sería ético y necesario verbalizarlo y explicar convenientemente la distinta verosimilitud de las opciones disponibles. El paciente decidirá finalmente lo que desee pero es una obligación del profesional sanitario aportar información comprensible, verdadera y lo menos sesgada que sea posible.