jueves, 14 de noviembre de 2013

Pianoterapia con Ariadna Castellanos





Como muchos de ustedes soy un defensor de la musicoterapia. Me parece que es uno de los recursos más potentes que tenemos a mano para mantener el equilibrio en nuestras vidas. La música es un elemento cotidiano que solemos respetar poco. Suele estar en segundo plano, como ruido de fondo, en desplazamientos de automovil o transporte público, en el trabajo, en casa... Alguna vez nos permitimos oírla en directo y todos sabemos que eso es otra cosa. Nos llega mucho más, nos hace vibrar de una forma más fuerte.
Ayer pude asistir a un concierto de la joven Ariadna Castellanos en una gala donde presentaba su nuevo disco Flamenco en Black and White producido por Javier Limón. Dirigía su banda al timón de su piano flamenco y ofreció un recital elegante haciendo gala de una gran calidad técnica y una buena dirección artística. El resto del grupo estuvo a la altura, en especial el vocalista/saxofonista.

Salir de casa para escuchar música es un privilegio que les recomiendo. La entrada me costó 6 euros, más barato que un cine. La cultura de calidad no tiene porqué ser cara.









2 comentarios:

Rebeca Ruiz dijo...

El poder de la música es impresionante a todos los niveles. Sin duda tiene efectos terapéuticos muy recomendables. Lo importante es que cada uno encuentre “su música” y aprenda a disfrutar con ella. A esto añado también los efectos positivos que tiene tocar un instrumento, los beneficios para la salud y el desarrollo personal son innumerables. Aprender a tocar un instrumento desde que se es un niño ayuda a desarrollar la memoria, la autoestima, la psicomotricidad fina, la concentración, la constancia y, sobre todo, se aprende a disfrutar de la música desde que se es pequeño.
Muchas gracias por la recomendación musical. Tengo ganas de escuchar más temas de Ariadna.

Rebeca

Salvador Casado dijo...

Gracias Rebeca por visitar este blog y dejar tu valioso comentario. Te lo agradezco de verdad. En consulta a menudo recuerdo a mis pacientes el poder sanador de la música, algo que todos conocemos pero olvidamos con facilidad.