miércoles, 29 de enero de 2014

Discutían sobre qué bandera ponerle al barco sanitario cuando ya estaba hundido...











Cuentan que en la batalla de Trafalgar uno de los barcos españoles tuvo una trifulca en la que la marinería se unió en protesta a la hora de enarbolar bandera. Los oficiales insistían en que debían ondear la francesa, la marinería la española. En esas estaban cuando el almirante Villeneve mandó levar anclas para zarpar en busca de la armada inglesa. Sin llegar a un acuerdo el San Nicolás permaneció en su posición. Los oficiales no cedían, los marineros no bogaban. Los intentos de diálogo fueron infructuosos. La oficialidad se encerró en popa con la mayoría de las armas. Los marineros de brazos cruzados en cubierta. Al final decidieron mandar recado al almirantazgo vía un bote correo. Cuando este regresó con instrucciones la batalla había terminado con 1.022 bajas y 10 barcos hundidos.

En Madrid parece que ha pasado lo mismo, unos quieren poner una bandera en el barco sanitario, otros prefieren otra. Las situaciones complejas requieren liderazgos ágiles y comunicación avanzada. Romper las líneas de diálogo suele ser desastroso, tanto en la batalla como en la vida corriente.

Las miles de horas empleadas por los profesionales sanitarios de Madrid en la Marea blanca podrían haberse empleado en generar las respuestas que el sistema precisa. Seguimos sin ellas.

No considero la situación actual una victoria, es tan solo la consecuencia lógica de no hacer hecho bien las cosas. La Consejería de Sanidad debió arriesgarse a dialogar.  Sin diálogo ni liderazgo no habrá reforma sanitaria. Sin reforma sanitaria el barco se hundirá irremisiblemente.

Sabemos lo que hay que hacer:

1. Responsabilización de los profesionales y las unidades de gestión, que cada palo aguante su vela.
2. Priorización de actividades y servicios, determinar qué es prioritario y qué no.
3. Potenciación de cuidados domiciliarios y Atención Primaria.
4. Potenciación de pacientes expertos.
5. Mejora de la coordinación sociosanitaria.


Nos sigue faltando toma de conciencia, liderazgo inteligente, comunicación aumentada y ponernos en marcha.