martes, 18 de marzo de 2014

Obesidad digital

Foto: Wikipedia






En la sociedad del exceso cada vez hay más personas con obesidad y sobrepeso. Leemos en la prensa que el número de ciudadanos con dependencias, trastornos sicológicos y malestar emocional no para de crecer. También vemos como en cualquier autobús, metro o tren casi todos los viajeros están conectados a sus aparatos electrónicos. El tiempo medio de exposición a pantallas (televisión, ordenador, tableta, móvil...) sigue en aumento. Al ser los canales de información más potentes y mantenernos más tiempos conectados a ellos, no cabe duda de que estamos recibiendo más estímulos de los que presumíblemente serían deseables. Estamos engoradando "de información" sin saberlo, estamos abocados a una obesidad digital. Esta situación no nos obligará a cambiar la talla de los pantalones pero tal vez nos empuje a cambiar el ordenador o el móvil por uno más potente o terminar adquiriendo una tableta/ebook/consola o gadget de moda que seguramente venga de serie con conexión a internet.

El problema es que en el paleolítico no había ordenadores. Nuestros cerebros están diseñados para recibir una cantidad determinada de estímulos por medio de nuestros órganos de los sentidos. Si forzamos e incrementamos la estimulación, someteremos al sistema nervioso a un stress que puede terminar sobrecargándolo, "empachándolo". Y no porque aumente de tamaño, si no porque "recalentamos" las conexiones y alteramos nuestro equilibrio. Por otro lado al conectarnos más a realidades virtuales nos desconectamos de realidades analógicas. Una hora de lectura o navegación con una tablet es una hora que no estamos conversando con una amistad o dando un paseo.

Igual que tenemos  claro que dependiendo de cómo sea nuestra alimentación así será nuestro peso, parece que con nuestra dieta digital no es tan evidente.

Hace muchos años que en mi desempeño cómo médico no prohibo nada a mis pacientes, tampoco lo haré ahora. Si quieren una dieta digital estricta consulten al dr. House. Por mi parte para revertir la obesidad digital recomendaré un poquito de silencio semanal, tiempos de desconexión de aparatos, acostumbrarnos a poner el móvil en modo silencio (o mejor incluso apagarlo) el máximo tiempo posible e invertir tiempo y energía en actividades que nos produzcan placer y alegría. Caminar, hacer deporte, divertirse comiendo, salir con la familia o los amigos, alimentar el alma con grandes dosis de naturaleza y belleza... en fin, todo aquello que sabemos nos sienta bien.


Aquí tienen un decálogo como propuesta:


1. Configurar el móvil para que no emita avisos (luminosos o de sonido).
2. Evitar consultar continuamente el móvil. Es mejor establecer rutinas cada ciertas horas.
3. Aprender a gestionar mejor el correo electrónico para no tener que consultarlo con frecuencia.
4. Apagar el teléfono por la noche o cuando no sea estrictamente necesario.
5. Progamar actividades de ocio con teléfono apagado.
6. Evitar irse a la cama tras haber estado consultado pantallas (de cualquier tipo) inmediatamente antes. Puede ser una causa de sueño de mala calidad o insomnio.
7. Invertir tiempo en actividades al aire libre, paseos o deporte.
8. Evaluar los tiempos y usos que hagamos de las pantallas en casa y en el trabajo. Con las consiguientes correcciones si proceden.
9. Tener en cuenta el potencial adictivo de redes sociales, Whatsapp y similares.
10. Regalarnos silencios de calidad todas las semanas.