sábado, 26 de abril de 2014

Todo está conectado

Gift animado vía Sander Joon




La mayor dificultad que tenemos los profesionales sanitarios a la hora de tratar de mejorar nuestro trabajo y el propio sistema sanitario suele ser la falta de perspectiva. Cada profesional suele quejarse de ser poco reconocido, de trabajar demasiado y de precisar más recursos para llevar a cabo su cometido. Cada profesional suele mirar a poca distancia de su ombligo.

A mí también me pasa. Sin embargo tengo una gran ventaja: mis pacientes. Ellos me ayudan a salir de mi ombligo. Me dan todas las facilidades al compartir conmigo sus preocupaciones, dificultades, historias vitales, anhelos y quebrantos.

Hace tiempo que vi claro que no me interesaba medrar en la estructura jerárquica, tampoco en el colegio de médicos, la sociedad científicia, la industria farmacéutica o los lobbies de moda. Ya ven, se pude considerar que voy contracorriente por la sencilla razón de tratar de vivir por debajo de mis posibilidades. Una vez más es gracias a mis pacientes. Ellos me colocan una y otra vez en mi sitio. En la vida es fácil despistarse, por eso vienen tan bien tantas ayudas.

Cuando la situación social prima el desempleo, el desencanto y la sensación de indefensión esa niebla que llamamos enfermedad va calando los huesos de cada vez más gente. Por eso tengo claro que hay que luchar por mantener sistemas de protección social y protección de la salud basados en valores. La justicia es más sólida como cimiento social que el ánimo de lucro. Y si los políticos dicen lo contrario es porque están a sueldo del ánimo de lucro. De lo contrario no les sería posible armar ese discurso.

Nunca fue más necesario tener un alto nivel de conciencia social como en estos tiempos. En pocos años casi han barrido el trabajo de las dos generaciones anteriores. Si nuestros mayores precisan un respeto tal vez es hora de empezar por respetarnos a nosotros y a nuestros hijos e hijas. Si no lo hacemos nosotros ellos seguro que no lo harán.