sábado, 28 de junio de 2014

¿Dónde está mi tribu? La de ellas y la de ellos...










El libro Dónde está mi tribu de Carolina del Olmo  hace una necesaria reflexión sobre los problemas de la crianza en la sociedad moderna. La disolución de la familia extensa, el  hiperconsumismo, las presiones del mercado y la atomización social hacen que la crianza sobrecargue a la pareja que la enfrenta y dificulte al máximo una provisión de cuidados compartida con otros actores. La visión de la autora es aguda, reflexiva, ponderada y solvente al darla en primera persona. La comparto en casi su totalidad pero echo de menos la otra parte de la visión, la de los padres, la parte masculina. Si queremos tomar verdadera conciencia de un problema sumemos todas la visiones posibles. 

Es cierto que un nacimiento supone una situación de enorme stress y cambio para una mujer. A nivel físico, psíquico, social y espiritual. Es cierto que la crianza se ha realizado durante miles de años en el seno de una familia extensa o de una tribu, repartiéndose así la carga de cuidados. Es cierto que pese a los adelantos estamos cada vez más solos. Tenemos cunas de viaje-cambiador, hamaquitas-mecedoras, sistemas de vigilancia por cámara... pero estamos prácticamente solos. Las madres sólo suelen tener a un padre para apoyarse y este suele estar: perdido, agobiado, ausente, atontado... por decirlo suave.
¿Cómo quieren que esté cuando su mundo se ha transformado por completo? Es verdad que ya le habían avisado, es verdad que ya se lo olía... pero lo que la realidad ahora le presenta no tiene nada que ver con su previsión más extrema. Su pareja (en muchas ocasiones) no está, se ha convertido en madre y esto es algo del todo diferente. Hay una nueva criatura en la familia, a la que cuidar y dedicar infinitas energías. Esto suele dar bastante miedo. Imagínense si de un día para otro aparece un vecino desconocido y se instala con una cunita en el salón... La madre ha tenido nueve meses para irse acostumbrado a la criatura, el padre se la encuentra de bruces en el hospital. Se acabó el dormir del tirón. Se acabó el sexo (de momento). Se acabó el poder dedicar tiempo de ocio en soledad o en pareja... Son muchas pérdidas en muy poco tiempo.

Si las ponemos en la balanza seguramente sean mucho menores que las de su pareja, pero ahí las tenemos, encima de la mesa. Ningunearlas o ponerlas debajo no ayudará a nadie. Cambios, a fin de cuentas, que no son nuevos dado que llevamos así miles de años. Lo que si es nuevo es tener que digerirlos solos dado que los compañeros de trabajo o la soledad del atasco no suelen ser ayudas relevantes para ir digiriendo semejante menú.
 Ante los retos de la crianza de los niños estamos perdidos, como también lo estamos ante los retos de los cuidados a los más mayores. Si en muchas ocasiones terminamos delegando el cuidado en alguna institución (guardería, escolarización temprana, horarios escolares ampliados, centros de día, residencias, hospicios...) es porque ya no podemos más o no vemos otras alternativas. 

No tengo soluciones. Entiendo, como postula Carolina del Olmo, que habrá que luchar por medidas de protección social y políticas correctoras pero el problema es tan complejo que exigirá grandes dosis de creatividad, diálogo e ideas para avanzar en su solución. Tejer redes sociales locales de participación, potenciar las partes lentas de nuestras vidas, apostar por las relaciones cercanas de calidad... Tomar conciencia de la enorme presión que ejerce "el mercado" sobre nuestras vidas. Cuidarnos para poder cuidar, no perder el foco de nuestro propio crecimiento para poder seguir alimentando el crecimiento de los que nos rodean...

De momento me parece saludable retomar este tema, dialogarlo y repensarlo. Según se maneje podremos obtener mucha salud o mucha enfermedad, mucho crecimiento o mucho sufrimiento. Habrá que irse poniendo a buscar esa tribu.