martes, 10 de junio de 2014

Relato: La paliza


Foto: 'Hurt'
http://www.flickr.com/photos/18432246@N00/3575089869




Venía sin cita. En el ordenador pude ver la anotación que la administrativa escribió al margen: golpe en cara, agresión. La hice pasar casi inmediatamente, entró mirando al suelo acompañada de una amiga. Había sido golpeada por su pareja unos días antes al finalizar un partido de fútbol cuyo resultado no le debió gustar, venía por un parte de lesiones. Lentamente fui explorando la superficie de su cuerpo y confeccionando una larga lista de hallazgos a lo largo y ancho de su anatomía. Busqué, médí, describí. Tardé un buen rato en tener preparado el extenso informe que más tarde tuve que rehacer al descubrir en la radiografía una fractura en un dedo. Tras ofrecer un poco de orientación sobre las posibilidades y recursos disponibles terminó la consulta. Quedé exausto. Ser testigo del horror es siempre descorazonador, sobre todo por la posibilidad que nos da de imaginar lo invisible, lo que no se puede ver pero late con fuerza debajo de las aguas. 

Pese a la dificultad de la situación me asombró el coraje de esta persona para dar el paso y decir "basta ya". Ese pequeño paso que nos suele costar a todos la misma vida. Algo llamado dignidad arde en nuestro interior tratando de recordarnos nuestro enorme valor como seres humanos. Lamentablemente no solemos oírlo. Ella sí pudo. Al hacerlo demostró que la injusticia se puede transformar, que de alguna manera todos tenemos la posibilidad de construir otro tipo de mundo.

En los pequeños gestos se esconden las pistas que dotan de sentido la existencia.