lunes, 23 de junio de 2014

Sobre la intolerancia








 Blockhaus 13 en Colmenar del Arrollo, Madrid. Fotos @doctorcasado







Hace unos años nuestros abuelos se mataban entre sí.




Quizás no nos acordemos pero ese horror está grabado de forma indeleble en las historias de todas nuestras familias. Historias que hoy casi nadie frecuenta.

Veo como unos discuten sobre fútbol, otros piden la república y algunos buscan la independencia de lo que consideran su territorio privativo. Veo como todos protestan y pocos construyen. También veo llorar a la gente en mi consulta. Mi corazón se rompe un poco cada día con tanto sufrimiento.

Me gustaría aportar un poco de cordura. Rescatarla de los rescoldos de aquellos que llaman a mi puerta pidiendo ayuda.


No es verdad que la intolerancia sea venturosa. No es verdad que no reconocer el valor de la opinión del otro sea inteligente. Sobre todo porque es en esa opinión, que nos escuece, donde se esconde el trozo de verdad que no queremos ver pero necesitamos para contemplar y comprender el quebrado puzle de lo que verdaderamente somos.

Cuando nos duele el alma o un tobillo priorizamos nuestro interés personal. Cuando esta priorización es excesiva ya no vemos otra cosa y perdemos el rumbo. Si es verdad lo que dicen y al final todos vamos a morir, ¿por qué no paramos un ratito la loca carrera que seguimos? Es verdad que la vida puede escocer de veras o doler de formas tortuosas. Detener un instante la huida tal vez nos permita darnos cuenta de que las sombras que tan terriblemente nos asustan son tan solo un puñado de humo.



No sé si sabré algún día compartir estas visiones con la larga lista que a diario frecuenta la humilde consulta que ocupo. De momento voy dejando alguna constancia escrita a modo de mensaje lanzado al mar. Las heridas que más duelen suelen ser invisibles y no susceptibles de mejora con ungüento o poción. Os dirán que compreis milagrosos remedios... al final buscareis alivio donde sabéis que lo hallareis, en el silencio oscuro de vuestra propia alma, allí donde habitan los anhelos. Nuestra intolerancia será el juez que dictamine la dificultad de este viaje.