sábado, 23 de agosto de 2014

España partida en dos





Julian Casanova es catedrático de historia contemporánea en la universidad de Zaragoza. Su último libro esboza una breve historia de la guerra civil española que me he animado a leer tras escuchar este verano, una vez más, las narrativas familiares sobre ese tema que mis padres compartieron en las largas sobremesas estivales. Debo confesar que si bien es un tema que mi cultura general comprende suscita en mi reacciones encontradas y poca apetencia a investigar, por eso me ha venido muy bien el libro de Casanova. Muchos de los retos que la sociedad española encara en estos momentos son los mismos que afectaron la vida de nuestros padres y abuelos. La solución por la vía de las armas que les tocó vivir sigue teniendo consecuencias a dia de hoy. Encontrar consensos o líneas de diálogo es tan difícil como entonces pero la complejidad de los problemas es hoy si cabe mayor al afectarnos la globalización y los retos de la sociedad/red del conocimiento y la información. Saber comunicarse, escuchar las opiniones y posturas distintas a la propia y tener la habilidad de fundamentar nuestra posición buscando el punto de contacto con el otro y el horizonte de bien común es el reto antinguo que nos llega a nuestra sociedad quizá más evolucionada y desarrollada a la par que más dependiente y vulnerable. 

La guerra civil fue un tremendo desastre que dejó tras de sí un precio en sangre y dolor exorbitante. Todas las familias españolas tienen sus historias, todas sus víctimas y verdugos. Nos acompañan hoy en nuestros sueños y desvelos. Por eso siento como responsabilidad personal la  obligación de recordar, tratar de entender y aplicar a mi vida y a la de los que me rodean las enseñanazas de tan importante lección. Algo hemos de aprender todos de esta gran demostración de intolerancia, odio, violencia, horror y sin sentido. 

De momento este verano me ha traído de nuevo la oportunidad de escuchar y leer narrativas de una España partida en dos, historias de terrible actualidad por cuanto esa ruptura sigue estando de alguna forma presente en cada uno de nosotros.