miércoles, 17 de septiembre de 2014

Homo Depredator

Sylvester Stallone caracterizado como Rambo




Hay muchos indicadores que parecen decir que el Homo Sapiens es en realidad un Homo Depredator cuya máxima habilidad no es el conocimiento sino el saqueo y el consumo de recursos y especies. Muchos torcerán el gesto con disgusto y harán bien. Es una forma de confirmar lo que digo que de todas formas es evidente. "En el planeta tierra una especie de primates se ha hecho preponderante, dominando con sobrada diferencia al resto, amenzando por su crecimiento poblacional y su consumo exponencial de recursos la totalidad del sistema", este podría ser el resumen que un observador extraterrestre lanzara a su base y que paradójicamente muy pocos humanos son capaces de asumir pese a todos los datos que tenemos encima de la mesa. La desaparición de especies es en estos momentos similar a la que hubo en el cretácico, hace más de 3.5 millones de años y quizá en otros escasos momentos de la larga historia de la Tierra. Y esta vez no es una glaciación o un meteorito, somos nosotros... La tecnificación e industrialización progresiva están produciendo un impacto medioambiental con consecuencias en el clima, la orografía y el medio ambiente. Lo peor con diferencia es el poco nivel de conciencia imperante sobre el que surgen como malas hierbas la avidez, el egoísmo y el afán de tener más, plagas antiguas que se extienden cada vez con más virulencia.

El paradigma de la globalización y la hipertecnificación progresiva hacen que el panorama sea muy inestable. Pequeñas fluctuaciones pueden hundir completamente el status quo. Tampoco esto parece interesar a nadie. Si utilizáramos términos médicos nos encontraríamos con un enfermo delicado con una enfermedad subclínica avanzada y diseminada que ha producido daños en numerosos órganos sin manifestarse claramente. El paciente lleva tiempo notando ciertas molestias mínimas pero llevaderas. Hace algún tiempo que precisa estimulantes diarios para movilizar su astenia, potentes calmantes para aliviar ciertas molestias y gran cantidad de somníferos para poder desconectar por la noche. Con todo y con eso sigue levantándose cada mañana y persiste en su trabajo de esquilmar al máximo la naturaleza. La mala noticia es que todos formamos parte de este enfermo terminal y va a hacer falta que seamos muchos los que unamos nuestras pequeñas voces para avisar al resto del cuerpo de lo que está pasando y hagamos algo lo antes posible. 

La historia nos recuerda que socialmente la manera tradicional de dirimir las crisis es mediante el uso de la guerra. Los enfrentamientos armados han sido la forma en que se ha modelado el avance de la especie por lo que denominamos progreso y lo que ha condicionado la aceleración progresiva de la producción de tecnología. Lamentablemente la guerra tradicional es solo tolerable a escala local y sin cruzar la línea roja del uso de energía nuclear, armas químicas o bacteriológicas. Las dos guerras mundiales pusieron de manifiesto la inutilidad de este recurso y el enorme coste humano, económico y medio ambiental de las mismas. No solucionaron los problemas de base y el status quo de tensión se mantuvo aunque es cierto que se fue modificando por la aparición en escena de otros actores influyentes que cambiaron el horizonte de amenazas.

¿Qué otro camino queda? La situación nos retrotrae al principio de los tiempos. Fue la misma que enfrentó a los dos hermanos Caín y Abel en la llamada revolución del Neolítico, el paso de la cultura de cazadores recolectores a las sociedades sedentarias de base agraria y ganadera. La nueva posibilidad de concentración de bienes, alimentos y recursos posibilitó la emergencia de la ciudad estado y después la de naciones o imperios, dejando muy atrás aquel hermoso jardín del Edén donde al parecer fuimos felices. El carácter expansionista de la especie hizo que los conflictos  de escala personal o familiar pasaran ahora al plano de la alta política en la que se dirimían de la misma forma, a garrotazos. El problema es que todo garrotazo lleva aparejado un daño, cuando éste lo recibe otro y nos produce un beneficio no es impedimento a la conducta y la refuerza. Si el daño nos salpica y nos afecta negativamente la cosa cambia. En una sociedad globalizada, y por tanto unificada, el daño siempre nos salpica. Si uno destroza el salón del vecino al otro lado de la calle o llena de inmundicias su cocina, poco pasará porque no nos afecta, pero si lo hace en su propia casa ya es otra historia. Hemos llegado a ese punto, por eso toda hambruna consentida, todo vertido incontrolado, toda especie aniquilada nos resulta tan irritante, cada vez los demás están más cerca. Lo que antes era un pueblito de casas separadas es ahora una comunidad de vecinos en un bloque de pisos. Por eso ya no es tolerable el uso de dinamita para solucionar los conflictos, antes se podía echar la casa abajo del vecino, ahora no porque es la misma que la nuestra.

El reto es tomar conciencia de ello. Caín y Abel no pudieron hacerlo porque vivían a cierta distancia en sus planteamientos vitales. El odio que surgió entre ellos los llevó a una situación de "yo contra ti", de "ó quedas tú ó quedo yo". Que es la que siempre ha enfrentado a los grupos de cazadores-recolectores por los recursos, desplazando a unos para que queden otros  y a las sociedades agrarias entre sí por los mismos motivos. Conseguir una "humanidad única", reconocer por fin "una casa común" es al parecer el único camino para evitar el desastre. Sin embargo, dada nuestra naturaleza, los conflictos seguirán, ¿cómo manejarlos sin recurrir al hacha de guerra? me temo que como en toda familia bien avenida, con un prudente uso de la autoridad basado en consecuencias y no en castigos, una cultura del diálogo, la educación y el respeto y un aumento de conciencia que nos permita a todos darnos cuenta de lo que está pasando. Muchos dirán que esto no es nuevo, que sus profetas o sabios favoritos lo dijeron hace ya muchos años. Es verdad, pero no por ello dejaremos de recordar este mensaje que pese a ser casi tan milenario como nuestra historia sigue siendo ferozmente desconocido e inaplicado. Nos queda la posibilidad de que un pequeño tweet, un vídeo o un texto en un blog se viralice y llegue a todos los rincones. Nos queda la posibilidad de alumbrar entre muchos una nueva toma de conciencia. Habrá que seguir intentándolo, cada vez estamos más cerca. 


La humanidad es ya una comunidad que vive en un bloque de pisos, no puedes ponerle una bomba al vecino sin que se derrumbe tu propia vivienda.

Humanity is already a community living in the same building, if you bomb your neighbour you blow up your own house.

L' humanité est une communautée qui vie dans un même bâtiment, vous ne pouvez pas poser une bombe chez votre voisin sans que votre propre demeure explose.