sábado, 13 de septiembre de 2014

Relato: El clero sanitario

Foto: Wikipedia




Cuando se pasea bajo las enormes proporciones de un templo egipcio uno se da perfecta cuenta del significado de la palabra poder. Un poder que cada tradición ha convertido en piedra en forma de bellas catedrales, murallas, pirámides, templos o castillos. Las religiones siempre han concentrado mucho poder, al proporcionar ideas y memes de enorme valor para explicar la vida y la muerte, el mundo y su sentido. En la sociedad globalizada actual asistimos a una nueva polarización, por un lado grupos que caminan hacia un mayor integrismo religioso y por otro otros que lo hacen en sentido contrario. Es en estas sociedades laicas donde observamos que el vacío dejado por las instituciones religiosas se está ocupando por otras, que de este modo proporcionan respuestas y explicaciones a los ciudadanos que a ellas acuden. La ciencia por un lado y una de sus hijas, la medicina, por otro se están convirtiendo en una pseudoreligión laica con un credo que sublima la eterna salud y un clero de profesionales con sus hábitos y ritos, con sus templos llenos de ídolos tecnológicos donde se pesan la vida y la muerte de los que comulgan con los impuestos del estado o sus seguros médicos.
El clero sanitario promete salud y vida a los que siguen unos hábitos saludables. Al no imponer una rígida moral hacen que esta religión sea llevadera cuando se está sano pero la cosa cambia al enfermar apareciendo entonces las prohibiciones y las severas penitencias. Dentro de su rígida jerarquía encontramos un bajo clero en barrios y pueblos, cerca de la gente, que procura servicio y consuelo de una forma cercana y asequible. Dada su sobrecarga delegan en los grandes templos sanitarios, las verdaderas catedrales de nuestro siglo, donde el alto clero se ocupa de operar o manejar los tratamientos y tecnologías más avanzados. Hay jefes de servicio con mas poder que muchos alcaldes y gerentes de hospital más relevantes que muchos altos cargos del estado, manejan enormes presupuestos sostenidos por el miedo a la enfermedad y la muerte de toda ciudadanía. Curiosamente la cúpula de todo este sistema se encuentra en el ministerio de hacienda, dado que toda la pirámide se basa en el dinero. Desde allí toman las decisiones con estrictos criterios de rentabilidad política en lugar de en otros de salud pública o bien común. Se precisa obtener votos en las siguientes elecciones, si para ello hay que construir otro templo-hospital, aunque no haga falta, o invertir recursos en unidades o procesos hospitalarios de utilidad remota pero sabrosos para la opinión pública adelante. 

Vivimos tiempos paradójicos, ilustres ciudadanos críticos y agnósticos peregrinan a distintos templos sanitarios buscando la absolución a sus enfermedades y problemas. Tiempos en los que se tolera mal la merma en la salud y en los que nos olvidamos del sentido que pudiera tener la enfermedad y la muerte. Es verdad que el imperio egipcio pasó hace mucho a la historia pero me temo que sigue siendo cierta la máxima de Lampedusa, todo suele cambiar para seguir igual.