lunes, 8 de septiembre de 2014

Trabajadoras sociales de la líbido





El sexo es una de las preocupaciones principales de muchas personas, una necesidad que mueve montañas y sociedades. Como toda necesidad precisa de recursos que la sacien, recursos en forma de personas del sexo deseado que permitan establecer encuentros, contacto corporal, relaciones e intimidad. Las alternativas virtuales cada vez son más numerosas pero de momento no constituyen una opción de peso. En cualquier caso el terreno sexual es muy complejo pudiendo encontrarse todo tipo de opciones, desde el celibato total hasta la sexualización completa de lo cotidiano, desde prácticas consideradas socialmente habituales hasta todo tipo de opciones y derivaciones. 

En las pirámides sociales de los primates se establecen rígidas jerarquías por el control de los recursos alimenticios y sexuales. Los seres humanos sofisticaron sus sociedades pero la base sigue siendo la misma. Hay individuos con mayores prerrogativas sexuales y otros con grandes carencias. Dentro de los mecanismos de compensación se estableció desde tiempo inmemorial la opción de intercambio de sexo por alimento, recursos o dinero. Pascal Bruckner denomina esta opción trabajadoras sociales de la líbido justificando su existencia presente por el panorama de injusticia sexual que siempre existirá en cualquier sociedad por muy "liberada" que esta esté. 

La buena salud sexual implica un acceso al sexo con una persona que nos guste. Fenómenos como el de los numerosos jóvenes japoneses que no se relacionan con los demás de ninguna forma presencial ensombrece de alguna forma el panorama humano. Todos necesitamos contacto corporal, todos necesitamos caricias y de alguna u otra forma todos necesitamos sexo. Nuestras relaciones humanas son sexuadas, convertirlas en relaciones plenas no basadas únicamente en los aspectos de deseo sexual es un reto que precisa de madurez y amplia visión de las cosas. Los medios de comunicación y la publicidad tiñen sus mensajes apelando a esta necesidad básica creando así una cultura que cosifica la sexualidad y sexualiza cualquier tipo de relación. Dado que mucha gente sufre por no disponer de una sexualidad acorde con sus necesidades me parece importante reflexionar. Siempre tendremos a mano la opción de mediatizar la sexualidad valiéndonos del poder, la fuerza, el prestigio y la fama. Siempre tendremos a mano la opción de pagar por conseguir servicios sexuales. Pero el afán de felicidad de toda persona implica el encuentro con alguien que nos quiera y que nos permita querer, encuentros de calidad que generen relaciones que nos sostengan y nos permitan sostener. 

La líbido seguirá generando sus problemas, seguirán existiendo trabajadores y trabajadoras sociales de la misma y ocupando buena parte de nuestros sueños y desvelos. Tomar conciencia de lo que uno necesita, tratar de verbalizarlo con uno mismo y si es posible con nuestra pareja y no caer en la tentación de acercarse a la sexualidad con un prisma demasiado apegado a nuestra necesidad tal vez sean enfoques que nos ayuden a navegar las procelosas aguas de la sexualidad humana.