martes, 14 de octubre de 2014

Soy un amo de casa de la medicina



El cocinero Carlos Arguiñano





La medicina es célebre por sus grandes chefs. Altos cocineros al frente de establecimientos de gran prestigio, alta cocina con gran repercusión mediática. Reciben atención y recursos con generosidad. Sus habilidades y servicios son muy celebrados. Muchos de ellos son abnegados servidores públicos y realmente lo que hacen tiene un enorme valor para todos.

Por otro lado mi cocina es casera, me gusta ser amo de casa de lo que hago. Encuentro valor en servir para un roto que para un descosido, pegar un botón o adecentar un cuarto de baño, atender un catarro o a una persona que se muere. La medicina de familia siempre ha sido de andar por casa, por eso me cautivó desde el primer momento. Es una forma de relacionarse con las dificultades humanas, el dolor y la enfermedad con los pies en el suelo. Mis recetas son bastante caseras, aporto platos sencillos, de fácil elaboración y digestión, bien explicados, aptos para el consumo de las personas para las que cocino. Incluso me permite dejar alguna receta para mis pacientes escrita en este blog.

Sé que las amas y amos de casa no tenemos buena prensa en estos tiempos. No se nos valora lo suficiente. A mi me da un poco igual. Al final termino moviéndome en situaciones más complejas y de más incertidumbre que los grandes chefs, atiendo al mismo paciente complejo cuando le dan de alta sin tener las espaldas cubiertas con potentes armamentos diagnósticos y terapéuticos ó con una pléyade de especialistas que se presentarían en sala en menos de cinco minutos. Yo cocino solo y rapidito (ya saben 6 minutos por visita), estoy entrenado para ello. Lo verdaderamente importante es que al final el paciente esté bien atendido, tenga la respuesta que merece en cada momento. El gran chef tendrá que esforzarse en hacer bien su trabajo, yo trataré de hacer lo propio con el mio.

Tal vez algún día nos demos cuenta de que sería más fácil para todos disponer de una misma cocina, con un maître (de familia) que conociera perfectamente a sus clientes y aconsejase el mejor itinerario gastronómico para cada comensal, haciendo que chef y cocina trabajasen unidos para que los platos fueran los más adecuados. Tal vez algún día.