jueves, 26 de febrero de 2015

El Hundimiento. Regresa Manuel Vilas con más poesía






Leer la poesía de Manuel Vilas no deja nunca indiferente. Tampoco su prosa. Voy desgranando su último libro de poemas, el Hundimiento, como quien asiste a un banquete con muchos camareros. Cada verso llega en una bandeja de canapés y produce un impacto en el paladar. Algunos son tan fuertes como un puñetazo mal intencionado, otros tienen sabor a desazón, la mayoría son pozos de una profundidad oscura e inquietante. Manuel Vilas es uno de los mejores poetas españoles vivos, quizá no por la calidad métrica de sus creaciones sino por la majestad con la que usa el lenguaje para regalarnos su universo emocional y vivencial, algo que solo los más grandes saben hacer. Por esta, y otras muchas razones, es difícil que el autor llegue a unas masas que nunca gustaron de platos refinados ni de sabores acres. No todo el mundo puede permitirse leer la poesía de Manuel Vilas por mucho que el jurado del prestigioso premio Generación del XXVII y un servidor lo recomendemos. De hecho quizá esté contraindicada para pusilánimes, psicóticos o almas al borde de la depresión. Si es su caso elija mejor a Paulo Coelho o atrévase con Cervantes.

Como me gustan los combinados literarios me he permitido la osadía de leer el hundimiento al alimón con la sociedad del cansancio de Byung-Chul Han, uno de los mejores filósofos alemanes contemporáneos. Muchos preguntarán el por qué de esta combinación y la respuesta es sencilla. A la poesía de Manuel Vilas le va bien la filosofía del coreano, simplemente. Han describe una sociedad plagada de enfermedad mental secundaria al positivismo y al ritmo de vida que nos aboca a ser esclavizadores de nosotros mismos. Vilas dice lo mismo, "Nosotros fuimos vencidos por nosotros mismos" (Bajo el volcán p.86), llenando de fantasmas y situaciones desesperanzadas sus poemas. También incluye la pasión, el amor y el recuerdo, nos deja una posibilidad a la redención mediante la propia narración y la propia búsqueda de sentido, aspectos que el filósofo también dispone encima de la mesa.

No seré tan temerario de sugerir que acometan en paralelo sendas lecturas, por favor no lo hagan. Pero sí den una oportunidad a que ambos autores toquen sus vidas. No les quepa duda de que les obligarán a abrir puertas y armarios largo tiempo cerrados.