sábado, 21 de febrero de 2015

Relato: Flaco favor le hago si medicalizo su tristeza










Elisasabeth no era una paciente habitual. Se prodigaba poco por consulta. Aquella tarde venía descompuesta. Su marido falleció la semana anterior y estaba destrozada. Eran una pareja bien avenida y estas pérdidas, pasada la sexta década de la vida, tienen un impacto contundente en la biografía. Estaba fatal. No dormía, lloraba sin parar y sufría un desconsuelo que no aliviaban su familia extensa, numerosa y solícita, ni ningún entretenimiento. Se sentía morir.

Tardé más de veinte minutos es escucharla y conseguir conectar corréctamente con ella. Una de las causas de su dolor era que no se sentía suficientemente comprendida por sus hijas. "Nadie me entiende doctora", repitió en más de una ocasión. Me llamó la atención la profundidad de su sufrimiento. Estoy acostumbrada a ver llorar a mucha gente, pero el desgarro que tenía delante de mis ojos era muy profundo. Ofrecí empatía y reconocí su sufrimiento. Acogí ynormalicé su dolor y dejando abierta la puerta a la esperanza de que su intensidad se iría moderando lentamente. La invité a regresar a mi consulta en unas semanas e insistí en que me llamara si lo consideraba necesario. En un determinado momento me pidió medicación "déme algo doctora, me siento realmente mal". Pese a no detectar patología mental verbalicé que su situación no se arreglaría con pastillas pero terminé negociando un antidepresivo a dosis baja y apoyé su decision de viajar al sur con una hija. Tal vez no fue el mejor curso de acción pero me pareció el más prudente y adecuado para ella.

Volvió a las seis semanas con mucha mejor cara. Estaba algo mejor, el sol y el mar la habían sentado bien. Conseguía salir a pasear y le agradaba el contacto con el carácter de la gente de costa. Me quedé tranquila, lo peor había pasado.

Técnicamente me hubiera gustado no dar medicación, tal vez para muchos médicos hubiera sido lo más correcto. También es verdad que la gran mayoría la hubieran dado. Es complejo encontrar el término medio. Los tratamientos son como las tallas de la ropa, si acertamos nos quedan bien pero en ocasiones la prenda puede sobrarnos o quedarnos corta. Cuando una emoción quema, quema de verdad. Solo un buen manejo de las mismas y el paso del tiempo curan las quemaduras que producen. Si tuviera más tiempo tal vez sería más hábil curando con escucha y palabras estas situaciones. Con seis minutos por paciente una hace lo que puede, ¡cuanto me gustaría que fuera suficiente!