jueves, 12 de marzo de 2015

El gran engaño de la revolución tecnológica de la salud






No paran de bombardearnos con nuevas aplicaciones, pulseritas, relojes inteligentes y otros mil adminículos que prometen salud pero nos llenan de ruido, pitidos, alarmas y vibraciones. La moda de medir cada paso, cada latido cardiaco y cada movimiento está pegando fuerte. No bastaba con que nuestro móvil nos fiscalizase la posición y nuestros desplazamientos, que las redes sociales grabaran cada una de nuestras conversaciones y el reportaje gráfico de nuestras vidas, que cargaramos con cientos de aplicaciones que no usamos para nada. Ahora hay que tener un aparato más para estar a la moda, hay que comprarse un reloj inteligente, una pulsera, unas gafas de Google y no sé cuantas cosas más para conectarlas a su vez al móvil y permitir que éste nos siga retransmitiendo a internet donde alguno se hará de oro traficando con nuestros datos y entretelas, en este caso sanitarias.

¿Nos daremos cuenta de que nos estamos dejando llevar por un huracán hipocondriaco? ¿Qué aportan realmente estos aparatos y programas a la salud? ¿Alguien se ha molestado en medirlo y estudiarlo? ¿Hay evidencia científica que recomiende su uso? ¿Cuáles son los efectos indeseables de esta sobredosificación tecnológica?

No sé a ustedes pero a mí me está empezando a poner de mal humor. Sobre todo porque mientras una tecnología, la que sea, no demuestra con rigor su utilidad para mejorar la salud hay que andarse con piés de plomo tal y como sabemos después de haber caminado mucho tiempo muy cerca de la industria farmacéutica donde se han conseguido grandes aciertos y cometido grandes errores. Hablamos de salud, la prudencia debe ser siempre uno de los valores principales.

Toda sobredosis trae problemas, no hace falta ser médico para saberlo. Me temo que estamos siendo un poco irresponsables al admitir, sin ningún tipo de crítica, esta invasión de tecnología que permite una explotación de nuestros datos más personales en beneficio de un big data cuyo beneficio social está por demostrar. No se crean que sus datos están a salvo y que no podrán identificarlos por estar sin su nombre. El rastro informativo que cada uno dejamos en internet es fácil de seguir. Todo lo que internet capta de nosotros queda registrado y es utilizado por los que tienen medios para ello. Siempre hay alguien que tiene esos medios.

Por otro lado la hiperpreocupación por lo que ha caminado, por las calorías, el peso, la frecuencia cardiaca o la tensión arterial no sirve para mucho según nos lleva diciendo la experiencia atendiendo a pacientes, tanto en mi consulta personal como en las investigaciones biomédicas de la comunidad científica. La monitorización de constantes vitales está indicada en el seguimiento de ciertos casos muy determinados, pero no para la generalidad de los ciudadanos interesados en sus enfermedades.

Es posible promocionar la salud y generar conductas saludables con intervenciones de baja tecnología y bajo gasto. No hace falta comprarse un reloj de 400 euros para monitorizar los pasos y los latidos, basta con rescatar el placer de bailar o pasear, comer ricas ensaladas o apagar un pocó más la televisión. Estas aplicaciones y aparatos podrán estimular en algunos casos y mejorar la adherencia en otros pero su utilidad vendrá determinada por una buena prescripción. No valdrán para todos. En medicina lo más complicado es individualizar los tratamientos y recomendaciones a cada paciente, tengan por seguro que no hay dos iguales.

Muchos están apostando grandes sumas al número a la ruleta que dice que la tecnología revolucionará la salud. Yo creo que no lo hará a base de comprarnos nuevos aparatos y llenarnos de procesos que compliquen nuestra vida más de lo que ya está.

La verdadera revolución para conseguir una salud más plena pasa por una mayor toma de conciencia y un menor ruido de fondo. No se fíen de los vendedores de humo, antaño anunciaban pócimas milagrosas de ciudada en ciudad, hoy preciosos gadgets de precio elevado desde el glamour de conferencias retransmitidas a cientos de países. Recuerden que la salud es algo que nos viene de serie. Tan solo hay que atreverse a mirarse despacio y aprender a conocerse un poco más tal y como decian aquellos viejos sabios griegos.




2 comentarios:

Iván Moreno (moreno_iva@gva.es) dijo...

Apreciado Dr Casado, no puedo estar mas de acuerdo en lo que a la alegría con la que compartimos datos sin saber bien con quien y para qué.
Muy de acuerdo también en que habría que demostrar que la medición de estas constantes o la utilización de estos artilugios o apps realmente son una ayuda y no un llamamiento a la hipocondria generalizada (a veces es costoso explicar a los pacientes la variabilidad inter e intrapersonal de las constantes como parte de la homeostasis fisiológica).
Pero creo también que debemos de ser cautos a la hora de evaluar el posible efecto potenciador de la practica deportiva que tienen. Si hay unos expertos en la promoción de la salud en el sistema sanitario sois los médicos de familia, sin duda; aún así hemos de ser humildes: los médicos nos dedicamos a la enfermedad (su prevención, su diagnóstico, su tratamiento, etc) pero somos pobres agentes de promoción de la salud, por mucho que queramos.
Quizá (y claramente movidos por otros intereses) haya hecho más por la promoción del ejercicio en estos últimos años el marketing de la ropa y complementos deportivos (solo hay que salir un día a "practicar running", parece una pasarela!) y las aplicaciones gamificadas o socializadas de cuantificación de actividad física.

Un saludo y enhorabuena por tu labor, eres un ejemplo para el resto de médicos!

Jaume R dijo...

Bienvenido seas "alertador del incendio". Yo también encuentro reparos a la proliferación del éxtasis ante la tecnología: http://impulsoenfermero.blogspot.com.es/2015/02/explorando-lo-incomprensible.html