lunes, 3 de agosto de 2015

Relatos de verano: El encuentro casual.

Cuando la paciente salió de la consulta se tomó un instante antes de llamar al siguiente. Algo pasó. Sentía una parte tierna y vulnerable palpitar y agitarse en su interior. No había ocurrido nada llamativo: un motivo de consulta banal, una exploración breve, un diagnóstico claro y un tratamiento correcto, pero los hechos mostraban a las claras que había pasado algo. No sabía si fue su mirada, o la forma de atravesar vaporosamente el espacio. No tenía claro si fue el magnetismo de aquella piel iridiscente ó la cadencia exquisita que emanaban sus más pequeños gestos. Lo cierto es que sintió la sacudida brusca de la adrenalina y otras muchas sustancias explosivas en su cerebro y en su cansado corazón. Sudaba profusamente y respiraba con dificultad, no tuvo más remedio que disculparse en la sala de espera y salir un momento al cuarto de baño para refrescar su cara y serenarse. Llevaba a sus espaldas muchos años de trabajo y le había ocurrido algo similar sólo en dos ocasiones. Nunca llegó a comprender el por qué. Aquella tarde se sintió profundamente miserable por no ser capaz de responder a lo que su cuerpo le gritaba. Tras cenar frugalmente y tratar de relajarse con una teleserie se fue a la cama donde fue recibido por un sueño agitado. Tardaría semanas en recuperarse.