miércoles, 19 de agosto de 2015

Relatos de verano: El mundo mítico.


El ser humano se ha caracterizado por la conquista de nuevos territorios. Su curiosidad, avidez y otros muchos factores le han llevado siempre un poco más lejos. En ese proceso ha chocado irremisiblemente con los intereses de los demás dando lugar a todo tipo de conflictos. Ha habido sin embargo una búsqueda mucho más compleja y apasionante por la que no se han tenido que enarbolar banderas de combate. A dicho territorio mandó a los mejores, a los más valientes, seres con clara vocación de servicio a la comunidad que arriesgaron su vida y su cordura en dicha empresa. En el principio de los tiempos fueron los chamanes de cada clan los que se aventuraban por esos páramos inexplorados. Recorrían aterrados una realidad pavorosa para la cual no tenían ni armas ni palabras lo que les obligó a construir un lenguaje mítico en el que dioses, espíritus y demonios reinaban en una tierra que podía ser cielo ó infierno y cuyas leyes, referencias y circunstancias eran completamente diferentes a lo ya conocido. Más adelante el mundo cambió y se contruyeron grandes ciudades e imperios, aquellos chamanes fueron sustituidos por castas sacerdotales que siguieron mandando místicos a explorar estas ínsulas. Hoy todo es diferente, la religión ha sido sustituida por la ciencia y esta es del todo inoperante en la tierra que hablamos, no puede medir ni calibrar el mundo mítico por lo que lo desdeña en su impotencia. Lo malo es que los sueños y los movimientos profundos del alma del hombre y la mujer siguen urdiéndose precisamente allí y sin mapas ni guías la tecnológica humanidad está perdida entre la bruma. Tal vez no sea a Marte dónde deberíamos situar nuestro próximo objetivo de exploración, tal vez sea razonable recordar que conocer algo más nuestras profundidades siempre ha sido sensanto.