sábado, 15 de agosto de 2015

Relatos de verano: El nuevo enfermero

Sabían que venía de hospital y le quedaba poco para jubilarse. Compartiría dos cupos del centro de salud, los respectivos titulares se esperaban lo peor acostumbrados a recibir profesionales con pocas ganas de trabajar ó muy castigadas e incapaces de adaptarse a un ambiente laboral totalmente distinto. Se equivocaron. Aquel viejo marino estaba acostumbrado a navegar con marejada. No le asustaba trabajar y tenía una virtud infrecuente entre sus compañeras, tenía iniciativa. Cuando atendía a una persona mayor, además de apuntar las constantes solicitaba la analítica anual si era necesaria y le iba haciendo el electro para facilitar las cosas. Si llegaba un paciente grave era el primero en poner una vía y preparar la medicación antes de que se la pidiesen. No le costaba nada hacer las cosas más fáciles, ser siempre correcto y no poner jamás una mala cara. Una tarde los titulares coincidieron en administración mientras cogían talonarios de recetas, "¡qué suerte hemos tenido con el nuevo!", "¡ya lo creo, mejor que la lotería!".

3 comentarios:

Carlos Tardío Cordón dijo...

Así trabajamos bastante gente, no el uno sin el otro. El problema se ha creado a partir de ciertos teóricos independentistas, cuyo reto no alcanzo a comprender, máxime cuando la especialización se exige por parte de los ciudadanos.

Ese es (debería ser) el equipo ideal. Así se entendio por quienes redactaron ese artículo 15 de la Ley de Cohesión y Calidad del SNS.

También es cierto que existe "cada personaje" con el que resulta imposible: basta que tomes una iniciativa, la que fuera, para rectificar. Estoy para asegurar que se trata de personas acomplejadas, incapaz de pensar, como dice la Vice del Colegio de Médicos, que, por desgracia, no le falta alguna razón para ello.

¡Por cierto!, no sé porqué, pero no me impresiona como persona agradable. Y lo digo yo, que debo aparentar algo peor.

José Manuel Brea Feijoo dijo...

Pero aquello duró poco. El nuevo ya era viejo y hubo de dejar su puesto. La despedida de sus compañeros fue cariñosa, pero los gestores ni se percataron (si te he visto, no me acuerdo). En fin, así es la vida.
Y colorín colorado, la historia continúa aunque cuento haya acabado.

Doctor Salvador Casado dijo...

Así fue