jueves, 27 de agosto de 2015

Relatos de verano: La neuróloga prosaica.

Siempre quiso ser escritora. Se sabía con talento suficiente aunque nunca reunió valor para enseñar a otros sus escritos. Decidió publicar un blog dónde de vez en cuando dejaba entrever sus capacidades narrativas. Aquella experiencia la desilusionó. Al principio cosechó buenas críticas y comentarios de sus lectores pero con el tiempo se cansó del experimento y cada vez escribía menos. Su vida era complicada tanto en lo que se refería a la convivencia consigo misma como en la terrible búsqueda de afecto que la obligaba a atravesar desiertos infinitos. Recurría a sus cuadernos para desahogarse en la escritura, trataba de mejorar su trabajo, al que dedicaba más tiempo del prudente, estudiaba hasta altas horas de la noche... nada era suficiente. La habían educado en el perfeccionismo y su carácter era el peor carcelero posible. A menudo miraba con profunda envidia a aquellas compañeras con personalidades efímeras ó claramente disolutas. Pese a su levedad eran capaces de reírse a carcajadas y estaba segura de que gozaban plenamente los lances amorosos que les regalaba la vida. Su rigidez no se lo ponía nada fácil pese a que su belleza serena y su forma de ser ordenada y cabal eran muy atractivas para los que la conocían. Nunca había escrito una poesía. Todavía no era el momento, todavía no.