lunes, 28 de septiembre de 2015

Solidaridad sanadora







Cada poco tiempo nuestra sociedad se solivianta ante noticias impactantes. Naomi Klein describió esta situación como la doctrina del shock mediante la cual la conciencia social permanece en estado de catatonia al recibir periódicamente paralizantes chispazos mediáticos. Cuando nos enfrentamos con la desgracia de un terremoto, tsunami, hambruna, crisis de salud, refugiados... lo primero que sentimos es una tremenda desazón que solemos aliviar comentando el tema por doquier y si acaso dando alguna limosna en las campañas de solidaridad que crecerán como setas tras dicho evento. Pasado el efecto mediático todo vuelve a su cauce y no nos solemos acordar más del asunto absortos como estamos de nuestro propios enredos.

Hemos olvidado que la solidadidad, la atención, cuidado y apoyo de los que lo necesitan es un potente tónico sanador para el que la ejerce. Al poner el foco de atención momentáneamente en el otro nos salvamos de nuestros propios demonios y nos centramos en lo ajeno, lo que nos permite ser creativos y funcionales. Es  posible ser solidario con los pequeños gestos de la semana, en nuestros ambientes próximos y barrios. También es posible serlo a distancia con realidades que no podemos alcanzar con los sentidos pero que podemos ayudar a transformar teniéndolas en cuenta y apoyando proyectos locales que otros puedan ejecutar por nosotros. Así como el individualismo a ultranza genera soledad y esta frecuentemente malestar y enfermedad, la solidaridad suele ayudarnos a establecer relaciones y a conectarnos con otras personas y realidades. Para estar sano viene bien llevar una dieta saludable y hacer suficiente ejercicio, recomendar la solidaridad no suele ser habitual en las consultas médicas, tal vez debería serlo.



Post participante en concurso de post solidarios de Mutua Madrileña