martes, 13 de octubre de 2015

La realidad filtrada




Siempre nos gustaron los filtros de colores
Que traducían lo visto en palabras cromadas,
Los velos, celosías, las mantillas y paños
Con los que protegíase lo más explendoroso
Con la calculada medida de la coquetería.

Hoy apenas cubres tu cuerpo cuando sales
Pero miras al mundo a través de ese móvil
Con el que le haces fotos que compartes,
Sin quererlo te convertiste en Cíclope,
Un gigante terrible de vulnerable ojo.

Riegas tus días con infame ruido
Que aturde y amordaza lo creativo
Transformando la vida en pequeños suspiros...
Que a fin de cuentas es lo que son
Esas microconversaciones chateadas.

¿Qué es lo que tu corazón desea?
¿No es acaso yacer con el amado
Atravesar corriendo los desiertos
Caminar sobre el agua despeinada
Y ser reconocida y valorada?

Permítete sentir el fuego que te habita
Y devenir en llama que todo lo consume
No temas la ceniza ni el rescoldo
Es justo ahí de donde volverá a surgir
La pasión que te dará sentido.


La realidad filtrada. Salvador Casado



 Casi sin darnos cuenta nos hemos rodeado de adminículos mediante los que contemplamos el mundo. Si tenemos una duda se lo preguntamos a Google, Youtube ó lo miramos en Wikipedia. Si queremos hacer una foto y compartirla usamos la cámara del móvil y cualquier red social. Si queremos ir a algún sitio activamos el navegador y listo... Entre la realidad y nosotros hemos colocado un filtro, una pantalla, un aparato.

En ocasiones el uso de filtros está plenamente justificado, en otras distorsiona ó aporta ruido a la imagen. Para saber cuando usar filtros se requiere algo tan sutil como el criterio y tan evanescente como la sabiduría, por eso no solemos hacerlo del todo bien. El abuso de ellos nos termina distanciando de la realidad, nos puede llegar a convertir en gigantes hambrientos que devoran a los naufragos que llegan a sus aguas.

Uno de los mayores placeres que un ser humano puede disfrutar es la contemplación y disfrute de la naturaleza y de las relaciones humanas de calidad. Para esto hace falta silencio y atención. El ruido y la prisa nos lo ponen difícil. La realidad está ahí fuera esperando que la reconozcamos, ¿seremos capaces?