martes, 17 de noviembre de 2015

La revolución semántica de la salud








Hoy la salud es una mercancía más. Algo que se compra y se vende en el mercado. Los sistemas sanitarios se han hecho muy complejos. Obedecen a intereses no siempre claros, o tal vez sí. Pregúntense quién sale ganando y tendrán las respuestas. Hay que vender servicios y productos sanitarios. Pruebas diagnósticas, tratamientos y mucha tecnología. "El centro es el paciente" dicen, pero si caen enfermos sabrán que no es así. El centro es otra cosa.

Ha llegado la hora de plantear una revolución. Tengan por seguro que el actual estado de cosas no es posible arreglarlo. El paradigma actual se basa en la enfermedad y no en la salud. Está diseñado para detectar enfermedades, diagnosticarlas, etiquetarlas, visibilizarlas, anunciarlas, potenciarlas. Para a continuación atacarlas, enfrentarlas, eliminarlas, controlarlas, doblegarlas. Usará para ello todos los medios disponibles, cada vez más caros, cada vez mas sofisticados, cada vez más numerosos. No dudará en etiquetar a todas las personas que pueda como enfermas, y por si fuera poco entre los sanos rescatará un buen montón de factores de riesgo para animar la cosa y medicalizar uno poco más si cabe. Si tiene riesgo de enfermar es que ya está enfermo. No dude en empezar un nuevo tratamiento, su salud está en juego.

Unos pocos profesionales sanitarios vemos que así no vamos por buen camino, que tal vez haya otra forma de entender las cosas. Proponemos una revolución semántica que no usará pistolas. Recurrirá a algo mucho más potente: las palabras. Si las cargamos de significado serán capaces de abrirnos nuevos horizontes. ¿Sería posible atender al ser humano haciendo palanca en su lado sano en lugar de en el enfermo? ¿Podemos entender que salud y enfermedad son dos facetas trenzadas no susceptibles de ser separadas? ¿Nos atreveríamos a recordar que la capacidad de equilibrio (homeostasis) de los seres vivos es lo que lidera el proceso de sanar? ¿Nos daremos cuenta de que la salud y la enfermedad son parte de la vida y por lo tanto no deberían mercantilizarse?

Si voy al médico con la nariz llena de mocos, estornudos y malestar general me diagnosticará un catarro (enfermedad) y saldré con una receta de paracetamol en la mano. Tal vez llegue el momento en que alguien me diga que tengo un proceso adaptativo respiratorio (salud), que pasará en unos días, que las molestias no son peligrosas y que me puedo aliviar con medidas sencillas. Si voy al centro de salud con diarreas y vómitos seguramente me diagnostiquen una gastroenteritis aguda (enfermedad) y me den una dieta. Tal vez llegue el momento en que me digan que tengo un proceso adaptativo digestivo (salud), que pasará en unos días y para el que necesitaré hidratarme y cuidar la dieta.

El tiempo de enfermar es un tiempo de adaptación que busca recuperar la salud. La mayoría de las veces lo consigue de forma natural, en otras hay que buscar ayuda. Pero varía mucho la película si etiquetamos la enfermedad ó si hacemos lo propio con la salud.

No seremos tan retorcidos de considerar el infarto de miocardio, el cáncer de colon ó la diabetes como inocentes procesos adaptativos. No cabe duda de que son enfermedades serias que han superado la capacidad de adaptación natural produciendo daños presentes y potenciales. Las seguiremos llamando enfermedades, tiempos de enfermar. Pero incluso estos graves problemas encierran su parte de salud, de buen funcionamiento, de equilibrio, como saben aquellos que las padecen. Es posible sacar una sinfonía de debajo de una sordera ó una sonrisa tras una quimioterapia. Las cosas no son tan simples como los manuales médicos explican.

Con respecto a los factores de riesgo daríamos un giro copernicano. No bastará con tener colesterol, tensión alta ó acido úrico para estar enfermo. Nos ayudaremos de las matemáticas para explicar su significado relativo.

No soy capaz de ver la solución completa, tan solo adivino que hay otras formas de respuesta, de entendimiento, de toma de conciencia. Si nos creemos que las personas son el centro de los cuidados de salud tal vez haya que cambiar muchas palabras para no quedarnos solo en la apariencia.



Esta reflexión es fruto de una conversación con el doctor Fernando Casado, si les ha provocado algún eco o les ha ayudado a reflexionar es mérito suyo.






Puedes participar respondiendo estas diez preguntas: