viernes, 15 de enero de 2016

¿Qué hay de lo mío?




Las sociedades de base protestante del norte de Europa y la estadounidense favorecen la libre competencia y el beneficio de aquellos que trabajan, tienen ideas o destacan en su profesión. Las del sur de Europa no. Es un tema cultural que entronca con los valores y la ética. En nuestro medio es mucho más difícil destacar al ser la envidia un potente pecado capital.

Ayer en consulta atendí a un paciente pensionista con un catarro. Al despedirse me comenta en la puerta con ironía que está contento porque le han subido la pensión un 0.75%, terminando la frase con un contundente: "Me avergüenzo de ser español". El problema es que bastante gente se avergüenza de lo mismo y para algunos, entre los que me cuento, es causa de dolor en muchas ocasiones.

La realidad es que somos un país pobre que por la dureza de su historia no ha aprendido el significado de la palabra respeto. Eso favorece la guerra eterna de moros contra cristianos, madridistas contra culés, y todas las Taifas contra todas. Así es difícil progresar hacia ninguna parte.

El sistema sanitario español no se libra de esta lacra. Dividido en diecisiete Taifas ha sufrido de manera diversa la marea de la crisis pero no ha conseguido resolver su propia debacle.













Dentro del sistema sanitario vemos lo mismo que fuera del mismo: todos gritando "¿Qué hay de lo mio?". Unos quieren visibilidad, otros reconocimiento. Aquellos más apoyos, todos más presupuesto.

Estamos acostumbrados a luchar para reclamar más pero no a reflexionar y dialogar para priorizar lo más importante. Tal vez por eso la ética no termine de ser muy popular. Lo cierto es que sin ella y sin unos valores claros no es posible organizar ninguna sociedad ni los sistemas que dependen de esta.