domingo, 17 de enero de 2016

Relato dominical: Los domingos.





Las fiestas se dejarán de santificar cuando así lo decidan los mercados. De momento parece que las ventas van bien y no está la cosa amenazada pero, nunca se sabe, esto puede cambiar. Lo cierto es que unos cuantos hace ya tiempo se quedaron sin domingos de asueto con jornadas laborales continuas de incontables horas semanales. Los pueden ver en tiendas que no cierran o en oficinas que no apagan sus luces. No tengo los datos pero parece que cada vez hay más. La secularización de las sociedades avanzadas no entiende de milongas y el dios dinero es realmente expedito, gusta de rentabilizar cada proceso y no atiende a razones fuera de los balances. Una de las ventajas de las viejas religiones era que reservaban un día semanal para el descanso, pero es ya poco lo que queda de ellas y estos detalles también van cayendo en olvido. Lo más probable es que nos aboquemos a la semana laboral completa y los comercios tiendan a mantenerse abiertos noche y día para que se pueda consumir cuando se pueda. No sé si el cuerpo aguantará pero lo que sí tengo claro es que donde manda capitán no manda marinero y en este barco las cosas están cambiando a una velocidad de vértigo.