domingo, 6 de marzo de 2016

Sentido






No todos los instantes de la vida tiene el mismo peso. De hecho nuestra biografía se apoya tan sólo en un puñado de recuerdos, en unas pocas experiencias. Para uno su infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, para otro su existencia son aquellos atardeceres en las islas del sur.

Hoy me fijo en un pliegue fortuito del edredón de la cama. Una disposición fugaz de la tela que expresa de manera impecable toda mi vida. Soy esa levedad, esa dejadez que al ordenar el cuarto quedará en mi recuerdo. ¿Por qué nos reencontramos en cosas tan fugaces? ¿Por qué los detalles tienen tantísimo poder?

La vida son suspiros, diminutas estancias. Hay abismos en cada una de ellas, profundidades insondables, páramos infinitos. Los seres humanos tenemos la capacidad de desplegar los acontecimientos, eso nos da sentido al poder navegar lo inabarcable, lo absoluto. Nuestra contingencia y mortalidad nos permite esta sorprendente capacidad que probablemente los ángeles no tengan.

La libertad, esa confusa propiedad, emana de la posibilidad de elegir entre instantes. De toda la experiencia nos podemos quedar con retales, de todo el mar con la poca agua que cabe entre las manos; unas gotas que escapan. Mientras las asimos sentimos su presencia, su humedad transparente, su fulgor primigenio. Por un momento no hay separación entre el mar y nosotros, somos la misma cosa.

No hubo más remedio que salir del Edén. En cada universo solo cabe un principio rector. La gran noticia es que de ese Big Bang surgieron nuevos universos, bellas singularidades que navegan a la búsqueda de un último sentido, de un minúsculo pliegue en la iridiscente tela de todo lo que existe.







1 comentario:

MANUEL MARIA ORTEGA MARLASCA dijo...

No....si ya te da de si hasta la esquina de un edredon......Que nivel, Dios míos ¡¡¡¡¡¡