domingo, 17 de abril de 2016

Relato: Mensajes al mar

Foto: Andrés Nieto Porras. Flickr




Cada día bajaba a la playa y lanzaba al mar una botella conteniendo un mensaje. No podía dejar de hacerlo, tal era su necesidad de contactar. Llevaba años haciéndolo, años esperando.

A veces escribía diminutos poemas, otras largas disertaciones. Unos días planteaba agudas reflexiones otros acerados manifiestos. Tenía poco tiempo y lo sabía. La posibilidad de recibir respuesta era remota pero la recompensa de escribir le compensaba. En cada botella lanzaba al mar una parte de sí, un acorde, una posibilidad.


Su misión era heroica e imposible, las matemáticas no dejaban lugar  a dudas, enfrentaba infinitos.

Daba igual, el bajaba a primera hora y arrojaba al agua, con toda la fuerza disponible, su boleto de lotería respirando bien hondo. Tenía que hacerlo. Inevitablemente.


Llegó un momento en que no se le volvió a ver más. La playa seguía allí, con su rumor de olas y su horizonte líquido, iridiscente y mágico. Sus botellas no regresaron nunca, tampoco otras con respuestas. El mar guardó para sí todos estos secretos y solo la luna y las estrellas fueron testigos de lo que ocurriría mucho tiempo después cuando para contactar no serían precisos esfuerzos tan sublimes.