domingo, 29 de mayo de 2016

Rebeldía





No podía más. Llevaba meses arrastrando un terrible cansancio. Se había sentido así otras veces pero no tanto tiempo. Su médico de familia no encontró nada destacable ni en la exploración ni en los análisis. Pero ella se levantaba agotada. Pasaba el día arrastrándose entre el trabajo y su casa. El ánimo terminó resintíendose, no le apetecía salir, ni tener sexo con su pareja. No le apetecía estar con sus hijos ni con sus amigas, tan solo aspiraba a tumbarse un rato en el sofá. Volvió a ir al médico que en esa ocasión la dejó hablar pese al lío que había en la sala de espera. Fue entonces cuando empezó a darse cuenta de que así no podía seguir. Vio las llamas, salían de ella misma y quemaban por dentro, asolando a su paso todo lo que tocaban. Estaba malgastando algo tan valioso que no tenía precio, su propio tiempo. Ya era bastante. Decidió levantarse, encarar su terrible malestar y atravesarlo. Cuando lo hizo se sorprendió de que todo era humo, una negritud ocre que la impedía mirar más allá. A medida que pasaron las semanas dejó atrás aquel desierto inmenso y volvió a sonreir. Costó, muchos padecieron con su sufrimiento. Había aprendido que la mayor rebeldía era crear, atreverse a construir el día desde cero, tomar conciencia de cada pequeño instante y así poder mantener la sorpresa y la gratitud. Había crecido, sus cicatrices lo anunciaban, miró al cielo sintiendo la brisa y respiró. Tenía otro día por delante para encarnar esa nueva rebeldía.