lunes, 13 de junio de 2016

Giants. Gigantes


 Foto de la página oficial de Francesco Piemontesi



When I go to a symphonic concert I do so with the conviction of its enormous healing potential. Listen to music from an excellent score of the hand of dozens of teachers who have been countless hours studying, practicing and preparing the program is a huge privilege. If the programe include a seasoned soloist, the joy is usually higher. It amazes me how they are able to master by memory a musical mountain threshed with great harmony and balance. It is for this reason that I try not to leave long without solace with high quality musical baths that produce catharsis in my fellow soul as the venerable classics did in their large stone theaters thousands of years ago.

A few days ago I could enjoy the soloist Francesco Piemontesi playing the concerto for piano and orchestra No. 1 in D minor by Johannes Brahms. The execution was masterful. The Spanich National Orchestra directed by David Afkham had much to do. The piano's dialogue with the french horn were magnificent. I will not do here a music critic, I just will point out that Giants exist. They are human beings like us who believe in something bigger than themselves, which makes them to increase their size to inscrutable limits. Francesco Piemontesi believes in music, the beauty, the possibility of transmitting an ideal which tune the hearts of those who listen to him and thus allow the world to be a little more harmonious place.












Cuando acudo a un concierto sinfónico lo hago con el convencimiento de su enorme potencial sanador. Escuchar la música de una excelente partitura de la mano de varias decenas de profesores que llevan infinidad de horas estudiando, ensayando y preparando el programa es un enorme privilegio. Si además adereza la representación algún solista, el gozo suele ser mayor. Me asombra cómo son capaces de dominar de memoria una montaña musical que desgranan con gran armonía y equilibrio. Es por esta razón por la que intento no dejar mucho tiempo sin solazarme con baños musicales de calidad que producen catarsis en mis entretelas semejantes a las que los venerables clásicos lograban en sus grandes teatros de piedra hace miles de años.

Hace unos días puede disfrutar al solista Francesco Piemontesi interpretando el concierto para piano y orquesta número 1, en re menor de Johannes Brahms. La ejecución fue magistral. La orquesta nacional de España dirigida por David Afkham tuvo mucho que ver. Los diálogos del piano con la trompa fueron magníficos. No les haré aquí una crítica musical, tan solo apuntaré que los Gigantes existen. Son seres humanos como nosotros que creen en algo más grande que ellos mismos, lo que les hace aumentar su talla hasta límites inexcrutables. Francesco Piemontesi cree en la música, en la belleza, en la posibilidad de transmitir un ideal que afine el corazón de los que le escuchan y de ese modo permitan al mundo ser un lugar un poco más armónico.