jueves, 20 de octubre de 2016

Lacitos rosas



Cada vez entiendo menos, cada vez me siento más ajeno a los modos y modas, a las campañas de sensibilización o desensibilización, a las tontunas. Hay mucho ruido, demasiado. Mucho dolor y poco acompañar a las personas que lo sufren. Mucho glamour y casi ninguna mano que sostenga el paso vacilante.

¿Qué pensarán verdaderamente las mujeres que han visto amputar sus cuerpos, radiarlos, someterlos a tóxicas quimioterapias? ¿Qué pensarán los familiares de quién padeció o murió por esa enfermedad? ¿Qué pensarán de los lacitos?

Tal vez me tachen de prosaico pero a mi me gustaría que se los metieran en... digamos un bolsillo. Que dejasen de gastarse dinero en carteles o anuncios de televisión y lo dedicaran a investigación, a que mi médico de cabecera pueda atenderme un poco más de tiempo, a que la enfermera  que me pone el gotero no tenga un contrato precario.

Creo que hay mucha hipocresía y mucha tontería. Y poca gente que te mire a los ojos cuando estás verdaderamente enfermo.



Comparto un texto de Guru Tze ante el que me quito el sombrero, contado por una protagonista en primera persona. Es un honor para mí reproducirlo aquí.