domingo, 23 de octubre de 2016

Spiriman, la sanidad necesita superhéroes





Tras décadas trabajando en la sanidad pública española creo conocer bien sus laberintos. La oscuridad de sus pasillos, los Minotauros densos que pueblan grutas y despachos, los héroes que tratan de encontrar una salida y los esqueletos polvorientos de los que no lo pudieron conseguir. También conozco a los pacientes que por necesidad se aventuran en la intrincada prueba de hospitales y centros de salud. Me pongo delante cada día de su dolor y lágrimas.

No tenemos la sanidad ideal. Creo que hace mucho bien pero a la vez oprime tanto a profesionales sanitarios como a usuarios. Los gestores y políticos suelen vivir atrincherados en despachos lejos de la primera línea de batalla asistencial. Y uso lenguaje militar con plena intención. Un servicio de urgencias, un centro de salud en invierno son trincheras bajo fuego cruzado. Quien alguna vez se metió en ellas bien lo sabe.

Por eso es fundamental que tanto profesionales sanitarios como ciudadanos se den cuenta de que a veces es necesario decir No. Una negación firme, con mayúscula. Fundamentada en la razón común del beneficio social. No es asumible que un médico de familia vea 50 pacientes en una mañana, ni que en urgencias tengas que esperar tres horas a ser atendido. No es digno dedicar tres minutos a atender a un paciente cuando el veterinario se toma mucho más tiempo en explorar un gato.

En granada un médico en precario, con esas condiciones laborales que la propia Unión Europea critica, ha dicho basta. Esto es inaudito en nuestro medio donde nadie quiere salirse de la foto. Jesús Candel nos ha dado una lección a todos consiguiendo que toda la ciudad de Granada salga a la calle para reivindicar la sanidad que se merece. Hay que tener superpoderes para esto, por eso agradezco a Spiriman, el alter ego de Candel, que nos recuerde que no hay nada más potente que poner a la gente de acuerdo para algo. Máxime en estos tiempos en que líderes y políticos, que por obligación debían de hacerlo, omiten sus responsabilidades.

Mi apoyo a todos los que tienen la valentía de decir las cosas claras cuando no hay más remedio que decirlas. Lo que ha hecho Jesús nos ha demostrado, una vez más, que hay una fuerza inconmensurable en lo pequeño.