viernes, 25 de noviembre de 2016

Es la vida, no una enfermedad.



Uno de los factores que más daño está haciendo al sistema sanitario no son los recortes derivados de la crisis (que también). Hay algo mucho más pernicioso. Cada vez que acudimos por un sufrimiento derivado de la vida estamos acudiendo al sitio equivocado. ¿Qué pasaría si cuando como adultos tuviéramos una duda de gramática acudiésemos todos a preguntar al instituto o colegio más cercano? ¿o si cuando el marcador de combustible de nuestros vehículos marcara bajo acudiéramos a solucionarlo a un todo a cien? Tal vez me digan que tiene que ver el culo con las témporas y les responderé que para cada cosa hay un lugar.

Un porcentaje alto de los motivos de consulta que lleva a los ciudadanos a los sobrecargados centros de salud son problemas derivados de la vida para los que no hay una solución médica o un tratamiento químico. Problemas laborales, de pareja, de soledad, de convivencia, situaciones de paro de larga duración, de finanzas familiares bajo mínimos, de sobrecarga por cuidar a unos hijos o a unos padres mayores. Pérdidas de trabajo, de alguna persona querida, de alguna capacidad o habilidad. Y combinaciones aleatorias de todos los anteriores y los que nos podamos dejar en el tintero.

La gente sufre (sufrimos) de manera notoria. En la vida hay momentos en los que se pasa francamente mal. En otros tiempos uno recurría a contárselo a alguien de confianza, a buscar consejo en alguna persona sabia o mayor de referencia o se consultaba con algún sacerdote. Era común apoyarse en la familia nuclear y en la extensa, en los buenos amigos y en la comunidad cercana. Se lloraban los problemas, a veces se cantaban y otras se contaban. Se dejaban correr y la vida, que es muy sabia, terminaba poniendo las cosas en su sitio y cicatrizando las heridas.

Hoy queremos la solución a toda costa y además de manera inmediata. Queremos la pastilla que nos quite la angustia, el agobio, la desesperanza y el sinsentido. Buscamos el remedio que recomponga nuestra situación laboral, nuestras finanzas o la maltrecha situación de nuestra pareja. Y como la ciencia avanza que es una barbaridad y además tenemos un sistema sanitario “de los mejores del mundo”, pues nos damos una vueltita por el ambulatorio para ver si el galeno se enrolla y nos prescribe algún bebedizo proverbial .

Por mucho que el facultativo empatice con nosotros y nos escuche con paciencia poco podrá hacer para arreglar la situación con nuestro jefe, o aliviar el dolor por la pérdida de nuestro padre. Como mucho podrá decirnos que no tenemos una enfermedad y que en ocasiones la propia vida duele como ellas. Como mucho nos podrá acompañar en el sentimiento y darnos alguna pista para que busquemos alivio expresándolo y dejándolo correr. Pero no tendrá ni el tiempo necesario para hacernos psicoterapia ni dispondrá de la varita mágica que le permita aliviarnos del peso de la vida.

Aunque no lo crean el Sistema Sanitario no tiene elaborado un protocolo para abordar los motivos de consulta derivados de los problemas de la vida corriente. Tampoco es un tema que se hable en exceso en los congresos ni para el que los profesionales sanitarios se formen especialmente. Suele ser más común quejarse en la salita del café de dichas consultas que agobian las agendas y aturden a los profesionales en lugar de tratar de buscar una manera mejor de manejarlas.

El dolor es una potente fuerza que favorece el movimiento. Nos impulsa a buscar soluciones y a acometer cambios. Cuando es producto de las circunstancias de la vida,, pese a no ser deseado, deberíamos reconocerle un sentido y una dignidad. Una persona que sufre merece apoyo y consuelo. Merece ser bien recibida y atendida acuda donde acuda, pero si lo hace al sistema sanitario será fundamental orientarla y explicarla, si fuera el caso, qué es la vida y no una enfermedad. Que probablemente tenga otras opciones para desahogarse y otros cursos de acción para arreglar su situación.


10 comentarios:

Anónimo dijo...

Estimado Dr.:

Creo entenderle y, conociéndole por sus escritos y videos, no llego a malinterpretarle, pero me resulta contradictorio, además de extraño, cómo empieza y cómo termina. Decir primero que uno de los factores que más daño hacen al sistema sanitario no son los recortes presupuestarios y sí el que las personas acudan-abusen del mismo con sus problemas socio-psicológicos –que según lo entiendo yo, una vez individualizados, se convierten en netamente psicológicos a nivel personal, incluso en psicosomáticos- no me parece una conclusión acertada ni una postura propia de alguien como Vd. De acuerdo con que hay que educar a las personas para que no se dirijan al médico reiteradamente buscando sólo pastillas, pero el médico es (o debe ser) una figura que trasciende a un ingeniero de la mecánica del cuerpo. Es más, es alguien a quien podemos confiarle, si nos da confianza, dolores del alma y de nuestra situación personal. Yo cuando salgo de hablar con mi médico (con el que puedo “hablar”), me encuentro mejor. Sé que Vd. lo sabe. Si el problema es la falta de tiempo y el exceso de pacientes asignados, tropezamos ya con el importante factor de los recortes presupuestarios que de alguna manera Vd. minimiza y que, entre otras cosas, hacen imposible las plantillas aceptables para que cada doctor o doctora tengan menos pacientes a su cargo y más espacio temporal de atención a cada uno. Me tranquiliza y reconcilia su mensaje final: “El dolor es una potente fuerza que favorece el movimiento. Nos impulsa a buscar soluciones y a acometer cambios. Cuando es producto de las circunstancias de la vida, pese a no ser deseado, deberíamos reconocerle un sentido y una dignidad. Una persona que sufre merece apoyo y consuelo. Merece ser bien recibida y atendida acuda donde acuda, pero si lo hace al sistema sanitario será fundamental orientarla y explicarla, si fuera el caso, qué es la vida y no una enfermedad. Que probablemente tenga otras opciones para desahogarse y otros cursos de acción para arreglar su situación.” A esto me refería.

Mi más cordial saludo.
Agustín Salvador Besga
e-mail: soyagusalva@outlook.com

conchin sanchez dijo...

Me imagino que la "escucha" atenta del Doctor (que según dicen evita recetar más de la cuenta) es solo : cuestión de tiempo y que en una consulta privada sí se atienden mejor las dolencias del alma.......hummmmmm a mí también me ha sorprendido esta dicotomía. Ya no sé a que atenerme con lo de la humanización de los facultativos

Miguel dijo...

Entiendo el problema que está surgiendo en el Sistema de Salud,por un lado la función de curar enfermos y por otra la de recibir a las personas que requieren de cariño,comprensión y escucha.El problema se da cuando unos que tienen su derecho, ocupan o desplazan a otros que necesitan ser curados,no creo que sea problema de recortes,sino mas bien de uso,la medicina está ocupando el lugar de las relaciones sociales y así será muy difícil tener un sistema de salud,ágil,competente y eficaz por su crecimiento mastodontico con esta nuevas necesidades sociales.Percibo ya muchas consultas socio-sanitarias,al igual que tratamientos en fisioterapia entre otros de contenido mas social(soledad en casa) que sanitario.Me parece bien que se empiece a ver y a debatir tanto en primaria como especializada.

Anónimo dijo...

Como ve usted Dr. Casado no hay peor sordo que el que no quiere oír y siempre hay personas dispuestas a agarrar el rábano por las hojas. En mi opinión, excelente artículo.

Juan F. Jimenez dijo...

Habria que hacer saber o deberia saberse (Lo que no es facil por parte del poder politico) para entender mejor el fondo del articulo , la realidad de la asistencia sanitaria en España:
Y es que el médico de familia en un centro de salud en España dispone por desgracia "reglamentariamente" de menos de 5 minutos, que suelen ser menos, establecidos por los gestores de la sanidad, para atender a cada paciente.
A partir de ahi es facil entender todo lo que nos gustaria poder hacer, y lo que por desgracia, podemos hacer como medicos y como seres humanos, que tambien lo somos.

Anónimo dijo...

El problema es que cada año 1000 medicos no pueden acceder al MIR por los recortes. Hice sustituciones de médico de familia y es, literalmente imposible atender a todos los pacientes listados en una mañana. Y digo atender bien. No ver. Porque no es lo mismo. Hacen falta muchos mas medicos de familia con carteras de pacientes mas reducidas. Mientras muchos como yo sigan en casa preparando el MIR año tras año porque no hay dinero para pagar nuestra formación y no hay dinero para contratar médicos todo seguira igual. Vivir en España es una vergüenza.

Anónimo dijo...

Pues sí, muy de acuerdo con la excesiva medicalización de la vida. Es un problema social. En esta sociedad con baja tolerancia a la frustración, en la que tenemos casi de todo a un "clic" de ratón, el ser humano vive alienado, completamente desconectado de su esencia. Y así es difícil responsabilizarse de la propia salud. En las facultades de medicina se hablaba del principio ético del no-paternalismo... Pero que difícil no caer en eso cuando los pacientes, usuarios o gente de a pie desplazan el locos de control de sus propias vidas lejos de ellos. Tendríamos que hablar mucho del concepto salud-enfermedad, donde colocar la frontera. El tema es complejo, pero ojalá que se abriera un debate social al respecto. Que abriésemos los ojos, nos adueñáramos de nuestra salud, nuestra vida. Y los médicos también aprendiésemos a trabajar en esa dimensión.

La consulta del doctor Casado dijo...

A los profesionales sanitarios nos entrenan para curar la enfermedad, de hecho los sistemas sanitarios son enormes máquinas con esa orientación. Por eso el sistema y los profesionales nos "cortocircuitamos" cuando tenemos que enfrentarnos a problemas para los que no hemos sido preparados o para los que no tenemos medios. Un despido, una separación matrimonial, ser explotado en el trabajo, no tener dinero para calefacción, comer comida basura por no poder permitirse algo mejor...

La saturación de los servicios sanitarios a la que asistimos se produce por:

1. Menos recursos humanos y económicos (recortes de presupuesto).
2. Mayor número de consultas y de necesidades de salud percibidas (por los ciudadanos).
3. Aumento de la complejidad (por edades avanzadas, polimedicación, multimorbilidad...)
4. Disminución social de la tolernacia al malestar.
5. Aumento del discomfort social por la coyuntura de crisis económica, falta de empleo y otros factores socioeconómicos.

El reto es complejo y de momento nadie ha sido capaz de dar una solución. Yo tampoco lo pretendo, tan solo aporto un elemento de reflexión: "Es la vida, no una enfermedad", aplicable a un porcentaje significativo de lo que atendemos en un centro de salud. Consultas que están siendo ocupadas por personas que padecen acontecimientos vitales estresantes u otras circustancias. Estas personas son atendidas lo mejor que sabemos pero queda en el aire la cuestión ética de quién debería atender problemas que no son estríctamente médicos, quíen los debería escuchar. Dado que si es el médico quien lo hace otro paciente verá su problema retrasado o atendido en menos tiempo.

Doy las gracias por los comentarios aportados.

Anónimo dijo...

A mi lo que me preocupa de todo esto es la iatrogenia recibida en estos "pacientes" con "problemas de la vida" al entrar en los circuitos sanitarios. Además del fracaso terapéutico al momento poder cumplir las expectativas y solucionarles la vida. Un saludo

Anónimo dijo...

Pero Papá Estado está diseñado así. Y como Papa Estado está formado por políticos MEDIOCRES, se hace harto difícil pedir peras a un olmo.