viernes, 18 de noviembre de 2016

Hacer (ejercicio) o Ser (movimiento).



Desde pequeñitos hemos oído la recomendación de hacer ejercicio. Es bueno para la salud, nos decían. Sin embargo a algunos niños les gustaba y a otros no. Todos se lo pasan bien jugando pero el tipo de juego es muy variable y depende en parte en la personalidad de cada cual. Hay pequeños que no paran un instante y su movimiento es incesante, otros son más tranquilos y pueden permanecer ratos largos jugando sin moverse o contemplando hormigas.

Lo que ha variado es la presión sedentaria que ejercemos sobre ellos. Entre las horas de escolarización obligatoria (casi todas sentadas) y las que pasan en casa sentados, viendo televisión, haciendo tareas o jugando videojuegos en sus pantallas, el tiempo de juego libre y movimiento ha quedado bastante reducido.

Esto es importante porque afecta en relación directa a los adultos que algún día serán el devenir de aquellos niños. A medida que uno gana años se suele mover menos. Por una parte los movimientos y rutinas se automatizan siguiendo una ley de economía energética que siguen todos los seres vivos. Por otro lado la sedentarización adulta es mucho más intensiva: largas jornadas laborales, largos trayectos al trabajo, uso intensivo del transporte privado, ocio fundamentalmente sentado. Y si miramos a los más mayores el panorama de actividad física es desolador. Cada vez se mueven menos y en edades avanzadas la inmovilidad es casi absoluta, yendo de la mano de un gran nivel de deterioro físico.
El problema es que en una sociedad hiperactiva solemos estar agotados de hacer tantas cosas. Si encima el médico nos dice que hay que hacer más ejercicio, le decimos que sí cuando pensamos por dentro que no. No nos es posible meter más actividad en una jornada que nos deja habitualmente agotados, que nos exprime hasta la extenuación, que nos hace llegar a casa por la noche casi arrastrándonos.

Tal vez podamos cambiar la perspectiva y dejar de proponer más actividad, más ejercicio. ¿Sería posible cambiar el verbo Hacer (ejercicio) a Ser (movimiento)? Esto implicaría tomar conciencia de cómo estamos de forma física, de cuánto nos movemos o dejamos de hacerlo, de cuántas horas a la semana pasamos sentados. Nos permitiría imaginar cómo y dónde podríamos mejorar nuestro movimiento. ¿Sería posible movernos más en el trabajo, subir más escaleras y usar menos ascensores, caminar algo más, salir al campo? O tal vez aprender a levantarnos algo más de la silla en nuestro tiempo de ocio.

La sociedad necesita tomar conciencia del problema de gran sedentarismo que padece. También el sistema sanitario debería modificar el modo en que orienta y anima a sus usurarios para equilibrar su grado de actividad. Seguir aconsejando el hacer ejercicio sin personalizar el consejo y acompañar de una manera más dinámica y eficaz no lleva a ningún sitio. Y por supuesto cada cual habría de mejorar su autocuidado, lo que implica recordar que como seres vivos somos movimiento.


Un excelente experto en artes marciales aconsejaba hace años: “Be water my friend” (sé agua mi amigo), tal vez merezca la pena jugar con las palabras para volver a ser movimiento.