martes, 6 de diciembre de 2016

El coste oculto de la libertad de elección en Atención Primaria







En la Comunidad de Madrid se instauró hace unos años una política que permitía al ciudadano elegir centro de salud, enfermera, médico de familia o pediatra. Esta medida se encuadra dentro de las denominadas política ficción, acciones de presupuesto cero con gran rentabilidad electoral. Otros ejemplos pueden ser la creación de una dirección general de humanización de la salud que no gestiona un solo euro o tantas medidas cómo se toman que únicamente disponen reuniones infinitas, largas burocracias y protocolos que finalmente nadie sigue. No me extenderé.

Lo cierto es que desde entonces los ciudadanos han elegido a sus profesionales preferidos con la consiguiente sobrecarga de los más populares y el relajo de los menos elegidos. No se han establecido medidas ni de control ni de incentivo. Por una lado no hay límite real dado que cada año se incrementan los umbrales máximos de cada centro. Por otro tampoco hay establecido ajustes que compensen de algún modo a los profesionales o centros más solicitados con más suplentes o profesionales por ejemplo. El sistema termina sobrecargando, más si cabe, a los mejores y descargando a los mediocres que terminan cobrando lo mismo trabajando menos. Copiar una medida que tal vez pueda tener utilidad en un sistema de libre mercado a una organización pública no es muy inteligente si se hace sin tener en cuenta cuestiones tan elementales como los límites de la medida y los ajustes compensatorios. La libertad de mercado es útil cuando el dinero sigue al servicio. Si se obliga a un profesional sanitario a trabajar más por nada, eso no va a funcionar nunca. Obligatoriamente tendrá que trabajar más deprisa (menos tiempo por paciente), peor (más cansado) y terminará quemándose (nadie es feliz si es el que más trabaja entre sus pares a igual salario). En el estado actual de la cuestión estamos favoreciendo a profesionales tipo doctor House que tratan a sus pacientes de forma displicente, rápida y borde. Y si no le gusta, cámbiese...

La desincentivación profesional es una antigua lacra de nuestra sanidad. Es cierto que existen incentivos económicos (menores del 4% del sueldo) pero no son del todo personalizados y suelen producir frecuente rechazo. La libre elección por cierto no se contempla en los mismos.

Los ciudadanos deben conocer aquellas circunstancias de sus servicios públicos que les den valor. También las que no se lo dan o lo hacen a costes mayores que se mantiene ocultos. Saturar más a unos profesionales que comparados con otros países del entorno ya lo están bastante no es prudente para nadie. Si alguna vez ejerce su derecho de libre elección de profesional de Atención Primaria ha de saber que al elegido no le hace ningún favor sino todo lo contrario.







1 comentario:

enrique galindo dijo...

Es cierto que tal y como conocemos la medicina actualmente es insostenible. No ya solo económicamente, sino también para los propios médicos. En el momento que los pacientes no respetan a los doctores y les reconocen su preparación para poder tratar y sanar gracias a un conocimiento más elevado, el sistema médico se derrumba. Los doctores pierden toda motivación, la relación con el paciente se convierte en una lucha para ver quien sabe mas y quien va a imponer la forma de actuar a quien. Me temo que los medicos nos vemos abocados a una medicina más fría y distante apoyada en los medios digitales. Esto la hará más sostenible. Un médico desde su casa puede contestar a 20 pacientes en una hora, y evitar escuchar los problemas personales de los pacientes y centrándose en los problemas médicos... ¿Es bueno? ¿Es peor? es a donde vamos...
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