viernes, 23 de diciembre de 2016

La llegada, mucho más que una película de ficción











Comenzaré diciendo que he visto la película "La llegada" (Arrival, 2016) pero necesitaré verla más veces. Es cine inteligente, ese tipo de género que requiere de segundas lecturas. El mérito habremos de atribuirlo a un buen texto de origen, un estupendo guión adaptado y una excelente dirección e interpretación. Cine que vale lo que cuesta la entrada, cosa que no se puede decir todas las veces.

No destriparé el argumento, diremos que las tesis de comunicación que se barajan son sumamente provocativas. Tenemos el lenguaje tan cerca de nosotros que no lo vemos, al igual que les pasa a los peces con el agua que los contiene. Y es el verbo el que finalmente nos permite pensar, configurando la estructura cognitiva gracias a la cual el pensamiento se desdobla y se relaciona con el mundo. No piensa igual una persona con lenguaje que otra que no lo tenga. No piensa igual una persona que disponga de un manejo de muchos miles de palabras y conceptos que otra que tenga unos pocos cientos. Por otro lado nuestro lenguaje nos dispone en una relación lineal con el tiempo. Disponemos de pasado, presente y futuro en nuestras formas verbales por lo que el discurso se maneja en una línea desde lo que pasó a lo que pasará. ¿Es posible un lenguaje que se relacione con el tiempo de otra forma? ¿Y un pensamiento? Las respuestas a estas preguntas se encontrarán a lo largo de la trama que la película nos ofrece, de la mano de sus protagonistas que comparten con nosotros su perplejidad y sus dudas, su dificultad que es, al fin y al cabo, similar a la nuestra.

Uso comunicación avanzada a diario en mi profesión. Como médico necesito saber lo que le pasa a la persona que acude a consultarme. La dificultad está en que todo el cerebro habla a la vez y no siempre somos capaces de articular los mensajes correctos o de procesarlos debidamente. Al emitir un mensaje habla nuestro cerebro reptiliano, el mamífero y el cortex del homo sapiens. Hablan las estructuras de memoria, las de asociación, las emociones, la esfera cognitiva... Y todo ese coro de voces se articula en forma de palabras arropadas por capas de lenguaje no verbal (timbre, tono, postura, gesto...). Lo cognitivo suele ocupar las primeras y las emociones, sensaciones y demás contendidos las segundas. Pero a veces se mezcla o incluso es al revés.

Si a esta situación le añadimos la arquitectura cognitiva de la que como especie disponemos, las estructuras del lenguaje y las matemáticas que manejamos tendremos como resultante la comunicación que escenificamos a diario. ¿Se imaginan que pasaría si programáramos de otra manera el lenguaje y las matemáticas? ¿si tuviéramos acceso a otros lenguajes o matemáticas más avanzados que se relacionaran de una forma completamente distinta con el tiempo y el espacio?

Tienen ustedes razón, estamos hablando de filosofía. De alguna manera no es ciencia ficción es filología ficción y filosofía derivada. Por eso tendré que ver de nuevo la cinta y terminar de leer el libro de  Ted Chiang de la que procede. Hay otros mundos, hay otras formas de comunicar ¿estarán en este?



Otra crítica interesante de la cinta (con espolilers)




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