lunes, 19 de diciembre de 2016

Palabra, pensamiento y sentido

Reflexionaba hace unos días a tenor de una conversación virtual con unos amigos sobre la importancia del lenguaje tras ver un programa de televisión en el que aparecían unos jóvenes hablando de política. Lo he compartido en mi columna del Huffington Post y ahora lo hago en este blog. 


 
 
 

 
Leer una página bien escrita o escuchar una idea bien expuesta nos causa placer. Lo habitual es lo contrario. Dedicamos mucho tiempo de la semana a leer mensajes en el móvil, noticias y propaganda escritos de una manera abyecta o a escuchar tertulias infames, programas de radio o televisión indigestos o terribles vídeos de internet. Nuestras conversaciones cotidianas versan con frecuencia de temas intrascendentes como moda, fútbol, políticos o rumores y escándalos. Usamos un lenguaje de andar por casa, poco cuidado, con escaso aseo y menos jabón. Sin duda nuestro pensamiento se resiente. Las palabras y la lengua son el armazón de mucho de lo que el cerebro genera. Basta escuchar a una persona unos minutos para saber qué nivel de presencia y pensamiento tiene.

El aseo y la fuente de un lenguaje cuidado son el silencio (escucha), la lectura, la conversación cuidada y la escritura. Basta echar unas sencillas cuentas del tiempo dedicado en los últimos siete días a estos cuatro menesteres para darnos cuenta de la situación en la que estamos. 

Uno de los temas preferidos de toda charla de café es lo mal que está todo. Como respuesta cada cual aventura sus propias soluciones, habitualmente para que las apliquen los demás. Pocas veces consideramos la posibilidad de mejorar nuestro lenguaje y pensamiento. Sentimos una gran resistencia a abrir las puertas de aquello que conlleve una gran responsabilidad, esfuerzo o compromiso. Llegar a ser un homo sapiens pleno requiere de las tres. Humanizarnos en el saber implica la responsabilidad de apostar por nuestro crecimiento personal, el esfuerzo por mejorar la forma de hablar y de pensar y el compromiso para usar  nuestras habilidades en beneficio de todos.

La vida humana es una narrativa, una historia que se va viviendo y contando a la vez. Ser capaces de contarla mejor usando las palabras y pensamientos adecuados nos da sentido. Emborronar la página con frases y discursos que ni nosotros mismos nos creemos nos lo quita.

Por todo esto animo a escribir a los que llegan a mi en busca de alivio o de consejo. No hace falta ser un Cervantes para dar un primer paso, basta una nota con una idea o un verso. Basta un cuaderno personal, quizá un poco de reflexión antes de escribir algo en las redes sociales, tal vez algo de valor para contarle a alguien que nos importe lo que pensamos o sentimos.

Si hay una revolución pendiente seguro que pasa por aquí. No seremos capaces de dar la vuelta al mundo si no encontramos mejores formas de pensamiento y expresión. Y lo mismo se aplica a la vida de cada cual, si ansiamos mejorarla en profundidad habremos de encontrar la fuente de la que manan las ideas. No les puedo decir dónde poder hallarla, tan solo sugerirles que para abrir la puerta usen el verbo más delicado que puedan destilar.




Dedicado al grupo Hermenéutica del Caos, con la esperanza de que sigan generando las preguntas adecuadas.