miércoles, 11 de enero de 2017

Sanidad líquida



La muerte de Zigmunt Bauman nos permite reflexionar con las muchas ideas que nos ha dejado a todos en herencia. En estos tiempos que vivimos no es muy normal encontrarse con personas que encarnen lucidez, inteligencia, visión y entendimiento. Bauman era un referente en todas ellas. Nos ayudó a entender que hemos entrado en una fase de la historia mucho más rápida que nos obliga a una adaptación constante a un ritmo nunca visto. Se han roto las redes relacionales clásicas de la familia extensa, la comunidad, el barrio, la parroquia... nos hemos quedado solos ante el peligro. Jamás habíamos sido mas vulnerables y a la par más poderosos. Al estar solos podemos correr más deprisa. Sin embargo dependemos de todos los demás, de personas que no conocemos y cuyo vínculo por lo tanto no podemos sentir. 

Las organizaciones sólidas construidas por las generaciones anteriores no pueden adaptarse a una modernidad donde todo es líquido, todo es rápido, todo es móvil. Esto produce una crisis que afecta a todos los aspectos sociales, desde las empresas al modelo de estado, desde organizaciones educativas a sanitarias, desde medios de comunicación a servicios de ocio y consumo. Por un lado no estamos conformes con la solidez de estos elementos y por otro no somos capaces de aceptar una dinámica completamente líquida. Estamos en esa tiempo de parto en el que el bebé tras romper aguas ya no puede volver atrás al medio antiguo y no termina de salir al nuevo que le espera. Como todo el mundo sabe  las dinámicas de parto no son especialmente agradables ni para la madre ni para el bebé, las presiones y contracciones no son plato de gusto para nadie. Y en esas estamos.

La sólida sanidad de los sistemas sanitarios públicos no termina de adaptarse a la modernidad líquida donde los valores, escalas y referencias son distintas. Replantear el eje de valores sociales no ha sido nunca fácil. ¿Primaremos la individualidad o la solidaridad cuando estemos enfermos? ¿Preferimos sistemas de protección y cuidado de base social o individual? Y dentro de la organización ¿facilitaremos la flexibilidad o elegiremos la estabilidad?

Serán las preguntas que seamos capaces de hacernos las que nos terminarán sacando del atolladero. Por eso son tan importantes los filósofos que nos van llevando de la mano hacia su formulación. A mi entender no será solo en la ciencia y en la tecnología donde encontremos las respuestas. La reflexión pausada, el diálogo y la filosofía nos serán imprescindibles para dilucidar la dirección personal y social más adecuada, si delegamos esto estaremos totalmente perdidos.