viernes, 3 de febrero de 2017

Cuarenta y siete pacientes cada día





Creo que soy un médico razonablemente competente, atento y compasivo. Humano, débil, fácilmente vencible. A veces siento que no puedo aguantar tanta presión, que el sufrimiento que me ofrecen mis pacientes es demasiado grande para alguien tan pequeño. Por eso en lugar de añadir llanto permítanme regalarles mi agenda de ayer convertida en soneto.





Cuarenta y siete historias conforman el ardor que me acoge
Llamas de dolor rojo, angustia, miedo y un negro sentimiento
Esperan que mis manos algo alivien pero hoy camino lento
Mientras el fuego inflama estos pies que se traban y encogen.

Me fundo en un ovillo de burocracias grises, pantallas y ruido,
Entre lágrimas ocres, muecas de angustia y queja contenida,
En el licor amargo que me tienden para beber despacio:
El cetrino cáliz que los hombres destilan con sus gritos.

Termino la jornada chamuscado, terrible cefalea, muy contrito,
Con pasos cortos enfilo la salida, humillado, proscrito,
Sabedor del mal que me ha vencido: la pegajosa herrumbre del quejido.

Necesitaré lamerme las heridas, tomar un verde bebedizo,
Refugiarme en tus versos azules, recorrer muy despacio las calles
Y reclinar la faz en la almohada hasta que nos rescate el sol invicto.






Cuando tengan un día realmente malo les sugiero tres cosas:


1. Cuando se den cuenta de la catástrofe que viven dejen de darse caña y pasen al siguente punto.

2. Respiren

3. Conviertan su desazón en algo que no duela.


Lean a su autor favorito, escuchen música delicada, caminen lentamente por un parque.
Escriban un poema, tal vez dos. Si no les llega anoten las palabras que sientan por muy negras que sean.
Si tienen la oportunidad cuenten su caso. Si no hay interlocultor busquen al viento.

Y recuerden que tras toda tormenta, si se espera un poquito, viene la calma.



Les dejo con unos grandes maestros que seguro les inspiran.












5 comentarios:

Adri dijo...

Me encanta ese vídeo. Lo trabajo en clase con mis alumnos. Algunas veces nos fabricamos nuestros propios botes de la calma.
Qué importante es pararse, respirar y poner cada cosa en su lugar.

Violeta dijo...

Maravillosa su poesia, sus reflexiones, su humanidad y esta iniciativa de compartirla. Gracias

Juan F. Jimenez dijo...

Sencillamente genial, querido compañero. Una forma de sublimación fecunda de una situación absolutamente intolerable

Juan M.Diaz dijo...

Es una técnica de respiración muy simple pero resultados inmediatos.
mi faramcia

Julio González dijo...

A mí también me pasa muchos días lo mismo que describes. Gracias por compartirlo. Un saludo cordial.