viernes, 21 de abril de 2017

La sabiduría de los clásicos.







Nuestra civilización debe mucho a los hombres y mujeres del pasado que nos han legado en herencia su pensamiento y creatividad en forma de poesía, teatro, filosofía, matemática, ciencia y otras mil manifestaciones. Tras leer Fragmentos de George Steiner me doy cuenta de lo mucho que esa herencia sigue iluminándonos hoy día. El autor es uno de los sabios contemporáneos más insignes y en su libro nos lo demuestra ofreciéndonos una serie de propuestas sobre lo divino y lo humano en las que mezcla las ideas clásicas con sus propuestas reflexivas. Hoy está de moda la programación de ordenadores y triunfan aquellos capaces de crear código capaz de transformarse en aplicaciones y programas que ofrezcan suficiente valor añadido como para que se viralicen y se extiendan ampliamente. Los antiguos griegos también lo hacían en sus diferentes disciplinas. A nosotros han llegado sus éxitos. La historia de Troya, la de Odiseo, la de sus muchos mitos y leyendas, también sus teoremas, geometrías y aritméticas. Quizá lo más descorazonador sea contemplar cómo los herederos de aquellos sabios ven hoy su tierra esquilmada por banqueros a los que algunos se vendieron sin calcular bien las consecuencias. Esto nos debe recordar que la adaptación al medio no cesa jamás y que "pez que no nada se lo lleva la corriente". 

Otra de las obras del pasado que ha dejado en mí una profunda impresión estos días ha sido un capitel de la iglesia románica de San Claudio en la ciudad de Palencia. La maestría del artista de hace ochocientos años suscitó un enorme asombro en el que les escribe. Hablar en piedra me ha parecido siempre un arte singular, tanto por la posibilidad de hacerlo con los volúmenes, espacios y juegos de luces de la arquitectura como con la sutileza, sensibilidad y belleza de la escultura. No sabemos mucho del autor. No conocemos su nombre ni su historia, como pasa con la mayoría de quienes nos han precedido. Lo que sí sabemos es que era muy bueno en su oficio, tenía sensibilidad, ingenio y capacidad de trabajo. Era un virtuoso. Además de la belleza de su legado nos regala el recuerdo de que siempre es posible lo inaudito. Si él fue capaz de hacer hablar y cantar a la piedra qué no podremos hacer nosotros. 

Tanto de Steiner como del anónimo escultor palentino podemos aprender muchas cosas. Entre ellas a rescatar ese fondo de virtud que convive con todos nosotros en las profundidades de nuestras bodegas. Los demás necesitan ese brillo y nosotros también pues hay pocas cosas que den más sentido que el atrevernos a compartir nuestra virtud con otros. 



1 comentario:

Anónimo dijo...

Estimado Salvador, la Iglesia de San Claudio de Olivares está situada en la ciudad de Zamora, no en Palencia. Cuando quieras gozar del románico palentino y toda su simbología y fuerza estaremos encantados de acompañarte. Estas invitado. Gracias por tu blog. Es una inspiración para muchos...
César Cortijo
C.S. Aguilar de Campoo (Palencia)