viernes, 24 de marzo de 2017

@Deathcafe #HablemosDeLaMuerte ¿sirve de algo?


Hengki Koentjoro
Hengki Koentjoro
Hengki Koentjoro
Foto: Hengki Koentjoro



Veo tu belleza
veo muerte tu aguijón
nieva por dentro




Ayer en 20 ciudades españolas y de otros países tuvo lugar un @Deathcafe, iniciativa de Jon Underwood y Sue Barsky Reid, basada en las ideas de Bernard Crettaz, que en esta edición promovía el proyecto HUCI con la infatigable energía de Gabi Heras.

¿Sirve de algo hablar de la muerte en una sociedad que la esconde y la considera algo negativo? A tenor de lo compartido en el diálogo que en Collado Villalba tuvimos nueve personas de ámbitos profesionales, personales y sociales distintos yo diría que sí. Dado que en familia o con amigos es casi imposible sacar el tema a todos los participantes en el encuentro nos hizo bien escuchar las ideas, sentimientos e inquietudes de los demás y compartir las propias.

En este mundo hipertecnificado donde cada vez se muere peor, más en soledad, en ambientes hospitalarios alejados del domicilio, tras procesos que abundan en intervencionismo sanitario y escasez de comunicación de calidad, parece que recordar que los demás albergan pozos de conocimiento y sabiduría sobre el tema de la muerte esperando ser abiertos es una buena noticia. Y es que todos, llegados a una edad, hemos vivido muchas muertes tanto ajenas como propias. Hemos asistido a muertes y despedidas de seres queridos y amigos, de mascotas, de pérdidas de salud, trabajo, propiedades, dinero o dignidad, de duelos sencillos y complejos. Hemos quizá muerto alguna vez al ser abandonados de adolescentes por la persona que adorábamos o tras ver como todo lo que constituía un mundo aparentemente inexpugnable se hundía como un castillo de naipes bajo una suave brisa.

Los contertulios que ayer me acompañaron me dejaron claro que la muerte es real, que las cicatrices que deja tras su paso son reales. Algunos la habían visto pasar de lejos otros de cerca, todos conocían su rigor y la sensación fría que anuncia su llegada. Tal vez por eso agradecimos especialmente la agradable cafetería que nos acogía con una chimenea al fondo, una televisión apagada y música a un volumen que permitía hablar tranquilamente. Saber que no éramos los únicos era reconfortante. En una sociedad que no trata este tema conseguimos salir a la calle sin estruendo, de una manera lúcida y discreta, haciendo algo que nos enseñaron nuestros abuelos griegos: convertir el espacio público en una plataforma de diálogo. Al despedirnos había sonrisas en las caras. Un sentimiento de satisfacción que no precisaba de palabras, aquel par de horas había merecido la pena.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Tomar conciencia del exceso





Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos habitamos una vida de exceso. La existencia nos provee con una sobreabundancia que roza el absurdo. Las casi infinitas gotas de agradable agua caliente que acarician nuestra piel en la ducha, la ropa limpia con la que nos vestimos, el desayuno abundante con alimentos diversos provenientes de muchos lugares... Abrimos el día con elementos suficientes para despertar el asombro y la gratitud, lamentablemente suelen pasar desapercibidos, y no tomamos conciencia instalados como estamos en densos niveles de despiste, pensamiento rumiante y embotamiento afectivo. Algunos lo llaman estrés, otros ritmo de vida moderno, yo prefiero decir alienación. Estamos alienados por las circunstancias y sobre estas por nosotros mismos y nuestra programación mental.

La incapacidad de tomar conciencia del exceso que el universo ha provisto a nuestro alrededor con un planeta como el que habitamos, un diseño genético como el que encarnamos y unas posibilidades de aprendizaje y crecimiento como las que tenemos nos sume en una oscuridad de la que no es fácil salir. Terminamos convertidos en zombis de la queja, seres que vagan por el mundo llenándolo de protestas y otros contaminantes. Es imposible ser feliz cuando no se alcanza a ver la maravilla y uno habita en sombras permanentes. Por eso los poetas han sido siempre determinantes y eran bien considerados y mejor acogidos. Es necesario cantar las maravillas para recordar que están ahí y poder sentirlas en plenitud. Hoy las pantallas y la propaganda han expulsado a los poetas, hemos construido una sociedad opulenta que se siente mísera. Nuestros indicadores de salud son altísimos pero la gente se siente cada vez más enferma, económica y políticamente estamos mejor que nuestros abuelos pero la mayoría protestamos de continuo por no sentirlo así. "Cualquier tiempo pasado fue mejor", dicen algunos torciendo la mirada para evitar ver que la evidencia dice lo contrario. Nos sentimos deficitarios y carentes por tanto compararnos con el resto. Todos quieren ser como el millonario, el deportista famoso o la escultural actriz y como no lo consiguen terminan protestando por una injusticia inconsistente dado que esos que admiran por su brillo también tienen sombras alargadas convenientemente disimuladas por los técnicos de iluminación correspondientes.

Nos jugamos nuestra felicidad según interpretemos que el vaso que nos sirve de la vida está medio lleno o medio vacío. Según nos coloquemos en la bancada de los que sienten las carencias de la vida o su desbordante generosidad terminamos gritando protestas y quejas amargas o coreando alegres consignas. No es difícil adivinar cuál es la grada de mayor tamaño en este partido. De cualquier manera me gustaría invitarles al pequeño palco donde desde antiguo se instalaron los que se atrevieron a mirar la vida con ojos de niño, loco o poeta. Es un lugar pequeño, modesto, alejado del terreno de juego pero en su simplicidad rebosa un esplendor difícil de contar con palabras. Es en este rincón de donde surgirá de nuevo la posibilidad de comprensión que permita avanzar el siguiente paso a esta humanidad torpe pero tenaz de la que formamos parte. Anímense y visítenlo, está mucho más cerca de lo que se imaginan.

lunes, 20 de marzo de 2017

El algoritmo de la salud






Lo que va a transformar definitivamente la medicina tal y como la conocemos serán unas breves líneas de código, un algoritmo que conseguirá diagnosticar y tratar apoyado por inteligencia artificial, big data y biosensores. El algoritmo lo constituirán unas pocas fórmulas matemáticas y una serie de diagramas lógicos que aplicarán estadística a cada caso clínico que se le plantee. En una primera fase habrá asistencia humana en el proceso, en una segunda supervisión y en la tercera autonomía completa. Será posible ofrecer asistencia médica desde cualquier móvil, lo que revolucionará el sector de la salud. Seguirán existiendo médicos pero se reservarán para casos o procesos complejos que precisen de relación médico paciente o bien para ciudadanos que se lo puedan costear.

El algoritmo es como el Santo Grial, quien lo encuentra gana la vida eterna de la prosperidad y el éxito como ocurrió con los creadores del buscador Google y otros tantos héroes de nuestro tiempo. Tan solo decirles que hay muchas mentes pensando sobre esto y que más pronto que tarde usted será informado.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Hablar de la muerte con naturalidad






Todos nos vamos a morir. Sin embargo no nos solemos acordar. No nos gusta hablarlo ni siguiera pensar en el tema. Desde mi experiencia como médico puedo decir que esta actitud social no es sana. Dar la espalda a la realidad de la muerte, considerarla tabú y esconderla en lo más recóndito de los hospitales o de la vida privada nos aleja paradójicamente de la vida. Por eso apoyo la iniciativa #hablemosDeLaMuerte que promueve el proyecto HUCI. El día 28 de marzo tendrán lugar en muchos lugares del mundo reuniones donde hablaremos del tema con tranquilidad mientras nos tomamos un café. Si estás interesado/a puedes consultar el lugar más cercano. Es una buena oportunidad para mirar a la cara una parte de lo que nos constituye como humanos, de acercarnos con otros al misterio del final de la vida y compartir nuestros pensamientos, ideas y sentimientos.



Si vives en la sierra Madrileña, estaremos en Villalba con Soledad Gallego y Gabi Heras.

En Twitter:  #hablemosdelamuerte

viernes, 10 de marzo de 2017

Relato: la maleta del doctor Casado

 Suitcases
Foto de Tom Godber




Quedamos en la calle Atocha, necesitaba comprar una maleta y me pidió que le acompañara. Lo hice encantado sabiendo que aquello era una despedida. Su vida iba a cambiar radicalmente, estaba a punto de dar uno de esos pasos singulares en los que dejamos atrás todo lo vivido y nos lanzamos de bruces a lo que nos queda por vivir. La maleta era preciosa, un modelo grande de cuatro ruedas ligero pese a su resistencia. En ella metería todas sus pertenencias, lo que no cupo lo regaló. Fuimos a tomar un café y hablamos de esto y aquello, atendiendo más a lo que no decíamos que a las meras palabras. Un intenso sentimiento agridulce me embargaba mezclando la alegría por asistir a un alumbramiento con la pena por ver alejarse al amigo. La maleta acompañó nuestra conversación y un pequeño paseo. Su mutismo hablaba de lo por venir, su vacuidad de la levedad humana que cantan los poetas. Nunca antes había escuchado a un objeto hablar tan claro. Tras darnos un abrazo seguimos cada uno su camino, yo hacia Sol, él con su maleta hacia una nueva vida.


martes, 7 de marzo de 2017

Inteligencia colectiva hacia una sanidad en red


 Uno de los medios de referencia informativa en el mundillo sanitario es Diario Médico. Estos días me han publicado la siguiente Tribuna tanto en la edición electrónica como en la de papel permitiéndome reflexionar sobre temas de mi interés como la inteligencia colectiva, la arquitectura de procesos en red y la comunicación aumentada. Les comparto el texto esperando sus comentarios.











La automoción está sufriendo una revolución que nace de dos fuentes, la automatización de la misma y la conexión en red. El futuro de la movilidad vendrá definido por estos horizontes que la transformarán progresivamente permitiendo que los automóviles se conduzcan solos e interactúen entre ellos y el entorno. Si miramos a otros lugares constataremos que está ocurriendo lo mismo con procesos industriales y de servicios que están transformándose en virtud a los mismos factores. El problema lo encontramos en instituciones y organizaciones que por su tamaño o características tienen grandes inercias que dificultan una adaptación. El Sistema Nacional de Salud es un buen ejemplo con su enorme plantilla y gran complejidad. Muchas voces llevan tiempo anunciando que la estructura de gestión piramidal típica de los anteriores sistemas sólidos ha quedado obsoleta en los tiempos de la modernidad líquida pero de momento nadie parece haber conseguido motivar alternativas dignas de mención. En mi opinión no creo que haya que inventar la rueda de nuevo, bastará con mirar cómo se están adaptando otras organizaciones y tratar de implementar, en la medida de lo posible, esas mejoras al mundo sanitario.

Automatizar la sanidad es algo irrenunciable, nos guste o no. "Todo lo susceptible de ser automatizado lo será", esta ley de hierro no dejará ningún proceso sin ajustar. Por eso es imprescindible aplicar mecánicas de inteligencia colectiva para discernir y priorizar los procesos que habrán de automatizarse primero y los que habrá que modificar después, lo que no será fácil al previsiblemente prescindir de personal. Sin embargo es un reto que no es posible demorar más dado que en el momento actual profesionales de alta cualificación pierden mucho tiempo en burocracias y procesos redundantes de los que podían ser liberados si se aplicara un mínimo de sentido común. Se forman bucles de ineficiencia en los que los pacientes recirculan o rebotan de un servicio a otro o se eternizan en los mismos. Se sobrecarga a los profesionales obligándoles a manejar un mayor número de consultas en tiempos reducidos. En pocas palabras: se pierde mucha energía en forma de calor y el sistema se recalienta peligrosamente.

La conexión dentro del sistema sanitario es otro de esos muros que nadie ha conseguido derribar. Seguimos funcionando con compartimentos estancos que buscan sus objetivos y ventajas en competencia y escasa colaboración con los demás. La comunicación entre niveles asistenciales o entre las áreas de gestión y toma de decisiones y el resto de profesionales viene siendo nula o escasa desde tiempos inmemoriales. El alto gestor no pisa jamás el ámbito asistencial y el mesogestor en contadas ocasiones. Tampoco se facilita la escucha activa al profesional por parte de los mismos. La caricatura del bar del oeste americano en el que todos se pelean contra todos mientras el pianista continúa tocando a duras penas es tristemente aplicable al mundo sanitario. Conseguir niveles de alta conexión entre sistemas es otra gran prioridad imprescindible en el entorno de merma de recursos y aumento de complejidad que nos rodea. Será preciso construir estructuras de red social profesional e incentivar su uso para edificar desde ellas una nueva cultura de comunicación y colaboración donde los que más y  mejor lo hagan tengan incentivos y los que no se sumen sean susceptibles de ser motivados y acompañados para unirse a los demás. De este modo la atención a casos complejos o poco frecuentes aumentará en calidad y eficiencia. Imaginen que entra al sistema una prueba diagnóstica con una imagen de cáncer renal. Si en lugar de tener que dar respuesta un único servicio de radiodiagnóstico pudieran darla un conglomerado de los mismos trabajando en red el dictamen sería mucho más afinado. O pongamos un paciente con patología de la mano que necesite cirugía. Un servicio de traumatología convencional de un hospital mediano que no tenga cirujanos especialistas en dicha zona tal vez pueda dar respuesta a casos no complejos pero si trabajasen en red con otros servicios un caso de alta complejidad sería tratado por quien tuviera la competencia suficiente.

Es cierto que existen profesionales sanitarios que llevan años dando ejemplo de inteligencia colectiva y trabajo en red pero también lo es que no han conseguido incluir al personal de alta gestión que es el que debería liderar estos cambios ni al ciudadano medio que es el que finalmente recibirá el servicio. Por muy buenas ideas o gran motivación que exista entre los profesionales no será posible un cambio organizacional si no se permite el mismo desde arriba y si no se escucha a la ciudadanía.

La paradoja que enfrentamos es la necesidad de contar con todos los agentes para conseguir la mejor toma de decisiones posible buscando el bien común cuando llevamos toda la vida luchando unos con otros por las migajas del beneficio personal. Este reto, que de alguna manera es multiaxial e incluye a toda la humanidad contemporánea, es el que decidirá el rumbo de la misma en los próximos años.  El primer paso lo habremos de dar cada cual abriendo nuestra mente para ser capaces de escuchar mejor a los demás y aprender a dialogar con los que mantengan ideas o posiciones distintas a la propia. El segundo precisará de transformar esos diálogos interdiciplinares en grupos de motivación que vayan progresivamente cambiando la cultura institucional. Y el tercer paso requerirá de la inclusión de una voluntad política y de gestión que favorezca el avance y que cuente de una forma real con todos los actores así como con pacientes y ciudadanos. No creo que estemos hablando de utopías, otros lo están haciendo ya. Tan solo hay que tener humildad para reconocer nuestros miedos e inercias y tener el valor de dar el salto juntos. Caminar en solitario ya no será posible en ningún sistema humano que quiera seguir desarrollándose.

lunes, 6 de marzo de 2017

¿Es posible amar la enfermedad mental?









Olivier Bourdeaut ha cosechado éxitos en Francia con su novela Esperando a mister Bojangles, recientemente publicada en España, y lo seguirá haciendo. El libro es muy bueno como literatura, pero quizá lo sea mejor como resonante emocional al evocar sentimientos de alegría, buen humor, ternura e incluso llanto. No revelaré absolutamente nada de la trama para invitarles a leerlo, tan solo les diré que el autor responde a la pregunta que enuncia este escrito. Acercarse a la locura con la audacia que Bourdeaut despliega nos da muchas pistas de los castillos en los que solemos vivir, separados por altos muros de nosotros mismos. Es cierto que pocos tienen la capacidad de llenar sus semanas con una creatividad desaforada y también lo es que dicha creatividad puede quemar como saben aquellos cuya sensibilidad les impulsa a la excelencia artísitica o científica. Al final casi todos acabamos algo chamuscados por las circunstancias de la vida que nos toquen vivir, por eso es tan pertinente el libro, muestra que la humanidad es algo muy  superior a lo que individualmente somos.













viernes, 3 de marzo de 2017

La cultura de la recomendación será la nueva forma de publicidad

 lógos hypomnesis . . (in YSE#26)
Foto de  Jef Safi




Los gigantes de la publicidad se están poniendo nerviosos con las aplicaciones que la bloquean en móviles, tabletas y ordenadores. Tienen motivos: el ciudadano medio está cada vez más cansado de la publicidad intrusiva y no deseada. Es el comienzo del fin de una industria que mueve cantidades inimaginables de dinero. Como todo en este tiempo cambiante también la publicidad se está reformulando. Seguramente terminemos viendo propuestas en las que las marcas paguen a los usuarios por aceptar su publicidad eliminando intermediarios. Amazon ya lo está haciendo rebajando el precio de sus libros electrónicos si el usuario acepta recibir anuncios en ellos.

Todo en la vida es cíclico no será de extrañar que volvamos a la cultura de la recomendación de nuestros abuelos, el famoso "boca a boca" con el que se han difundido durante siglos todo tipo de consejos y recomendaciones desde productos alimenticios, marcas de ropa o médicos de confianza. Porque es precisamente la confianza lo que está en crisis. Cada vez la credibilidad de las marcas y organizaciones está más en entredicho. En lugar de ir a la página web de un hotel vamos a las de recomendaciones del mismo. Cosa que repetimos con restaurantes y todo tipo de bienes y servicios. Nos fiamos más de la opinión de los demás que de la del anunciante.

Cada vez más nuestra red de conocidos nos servirá de filtro cuando nos planteemos comprar un producto. Recurrir a ella para preguntar y buscar una recomendación será una práctica frecuente. Otra probáblemente sea fiarnos de aquellos personajes públicos o profesionales de referencia que sigamos en redes sociales. De hecho somos muy sensibles a la presencia de publicidad no deseada en estos medios, a los que nos asomamos buscando consejo o recomendaciones.

Internet se ha convertido en la nueva plaza pública y si alguien quiere saber lo que pasa tendrá que asomarse a ella. Proveernos de un balcón bien situado será esencial para recibir información de calidad. Aprender a pasearnos por la plaza y hacer recomendaciones adecuadas, justas y que busquen el bien común será esencial. En cuando algo huela a publicidad serán habituales las lluvias de piedras, o directamente la desconexión de la fuente indeseada, que viene a ser lo mismo.




jueves, 2 de marzo de 2017

El miedo inexistente



Una de las emociones más antiguas y potentes que existen es el miedo. Nos viene de serie desde que surgió en alguna especie primitiva hace millones de años. Conocemos su base neurofisiológica, sus implicaciones psicológicas y conductuales, su terrible desazón de la que no podemos escapar. Sin embargo hay excepciones. Muchos recordarán el cuento de Juan sin Miedo, aquel personaje infantil que se enfrentaba a cualquier peligro sin problemas. Hoy quería traerles otro ejemplo, esta vez de carne y hueso, se trata de Alex Honnold, un escalador capaz de realizar hazañas increíbles.







Ha sido estudiado por científicos que han dictaminado su ausencia de miedo al escalar. Algo que le permite desarrollar conductas extraordinarias. El miedo es como sabemos un freno biológico riguroso. Nos marca una línea que no podemos atravesar. ¿Qué pasaría si fuera posible desactivarlo a voluntad? Todavía no somos capaces de responder pero les comparto la pregunta para que imaginen.